miércoles, 27 de mayo de 2026

Día del maestro - El maestro, la alumna y el grupo

La idea base de esta historia no es mía, pertenece a Siesta

La secundaria…

Un lugar donde los jóvenes pre-adolescentes asisten para seguirse preparando para la vida adulta, aunque ahora enfocándose en algún taller para que al terminar siguieran con este en alguna preparatoria.

O esa es la verdad que quieren vender…

Pero la verdadera verdad es que solo es otra guardería más para jóvenes pubertos que solo van a calentar el banco y “echan desmadre” con compañeros que son igual de idiotas que ellos y que solo viven de fiestas y estupideces. Jóvenes que solo van a la escuela porque sus papás los obligan y hacen lo mínimo para pasar, claro que están quienes van tratando de sacarle el máximo jugo a las clases y lo muestran en sus notas.

Y luego están los profesores, quienes se supone deben actuar como un guía para el alumnado… Sólo un porcentaje de estos cumple al 100% dicho papel, el resto está dividido en gente acomodada la cual no está interesada realmente en que los jóvenes aprendan, que solo van poner trabajo sin siquiera explicar bien el tema o que deja que el grupo de todos los temas, de adultos que abusan de su autoridad y van más allá de la interacción permitida con los jóvenes, basura que tiene un puesto que realmente no merece.

Y esta historia ocurre en la secundaria técnica No. 4; una institución pública donde hay desde alumnos caóticos hasta alumnos aplicados, maestros comprometidos a su profesión y maestros que solo están ahí por el dinero. 

Dicha institución cuenta con varios talleres, todos mixtos menos uno… el taller de electrónica, esta carrera siempre se ha caracterizado por ser exclusiva para el alumnado masculino… aunque también era conocida por tener las sobras del alumnado. No era que las mujeres no estuvieran interesadas, pero la demanda era baja y siempre eran los chicos con bajos promedios los que eran mandados a dicho taller… los jóvenes de estas generaciones estaban más interesados en la carpintería, en la cocina, en la computación, contabilidad, etc. En habilidades que ellos veían más posible ser usadas.

Y como los talleres siempre han dado prioridad al promedio, los mejores lugares ocupaban los talleres populares, por lo mismo, el taller de electrónica tenía mala fama entre los alumnos, incluso los nuevos se enteraban de ello rápidamente.

Y es en este taller donde empieza esta historia, donde después de varios años, el taller volvió a tener una alumna en su clase. 

Su nombre era Anaid, tenía una bonita apariencia; de baja estatura y de figura esbelta, de lacio cabello corto hasta pasar ligeremento los hombros y de color castaño, ojos negros y un lindo rostro femenino, un pecho modesto que no atría miradas pero igual sobresalía de la playera polo del uniforme, piernas largas acompañadas de unos muslos ligreramente carnosos, una cintura delgada y unas caderas modestas. Era bonita pero no una diosa… Sin embargo, su actitud difería de su apariencia; calificaciones por debajo del promedio, dormía constantemente en clases debido al turno matutino, interacción social casi nula, torpe para captar las segundas intenciones, llamadas de atención constante y siempre pasando con la mínima nota necesaria, calificada por su maestros como un “desastre académico”

Es ahí donde el profesor a cargo del taller de electrónica sacaría provecho de ello, un profesor que también tenía fuertes rumores de acoso y de los que Anaid no estaba enterada.

Este profesor aprovechaba cuando Anaid se dormía para tomarle fotos por debajo de la falda, lo peor es que todos en el taller estaban de acuerdo, incluso hicieron un grupo privado entre ellos donde soltaban todo tipo de comentarios obscenos de Anaid, incluso hicieron un juego que consistía en tomarle foto a sus bragas y adivinar el color antes de mandarla al grupo, el ganador sería la siguiente persona en tomar la foto.

Y entonces llegó el día en que todo cambiaría.

— Bien, la pendeja de Anaid ya se durmió… Chicos, ¿quieren ver algo nuevo? —preguntó el profesor después de comprobar que la chica estaba dormida.

— ¿Ahora que traé, profe?

El profesor sacó una máquina de toques y una botella de cloroformo con un trapo.

La máquina de toques era una máquina de toques común; tenía sus electrodos conectados a la caja principal por medio de cables, su enchufe, su manivela de voltaje, su botón de encendido, miraran por donde miraran era solo una máquina de toques común y corriente.

— Bien, chicos… Ya saben que el cuerpo tiene su propia carga eléctrica, ¿cierto? Además, ya saben que para la transferencia de electricidad el medio debe tener un conductor, ¿no se los dije?

— Profe, ya déjese de tanta mamada misteriosa y vaya al grano —se impaciento uno.

— No seas tan precoz, Juárez, las cosas a su tiempo… Continuando; una máquina de toques, por tan simple que se vea tiene un conductor y un receptor, lo que hacen que al sujetarlos la persona pueda sentir su cuerpo siendo cargado por energía eléctrica… ¡Pero! ¿Qué pasaría si fueran dos personas quienes la tocan?

— Pus la corriente corre por los dos —respondió otro.

— Correcto, Lalo… ¡Pero! ¿Qué creen que pasaría si ajustamos la potencia de la descarga a una frecuencia precisa?

— …

Todos se quedaron callados.

— Bien, pongan atención. Marcus, cuando escuches “ahora”, quiero que me pongas este trapo con el cloro y me pongas a dormir sin importar que pase, ¿de acuerdo?

Marcus, otro de los alumnos, se quedó algo extrañado ante la instrucción del profesor pero asintió con la cabeza.

Dicho eso, el profesor puso uno de los electrodos de la máquina entre los brazos de Anaid, quien al estar dormida, no siente nada de esto. Luego colocó la caja de la máquina a un lado y tomó el otro electrodo, terminando con él sujetando suavemente uno de sus brazos.

— Profe… ¿seguro que no lo expulsan por hacer algo así? —preguntó uno un poco más nervioso.

— Tú confía, ahora hazme un favor y ajusta el voltaje en 40 voltios, no más no menos… No se preocupen, yo respondo por lo que suceda después —dice el profesor para calmar las miradas preocupadas de sus alumnos.

El alumno, todavía nervioso, sigue las instrucciones del profesor y enciende la maquina, toda la clase nota que los cuerpos del maestro y de la alumna se sacuden un poco hasta soltar los electrodos.

— ¿Eh, qué pasó…? —preguntó el profesor confundido.

— ¡Ahora, ponle el cloroformo! 

La orden fue dada, pero no por el profesor, sino por Anaid.

Marcus reacciona confundido.

— ¿Eh, por qué me veo frente a mí…?

El profesor sigue actuando como si estuviera confundido.

— Chamaco pendejo, quitate.

Pero de forma rápida, Anaid le quitó el trapo a Marcus y rápidamente cargó contra el profesor quien es incapaz de reaccionar ante la confusión y se quedó dormida en pocos segundos.

Todos se quedan impactados ante lo que acaban de ver.

Entonces Anaid se dió cuenta de ello.

— Vamos, chicos. El profesor sigue estando aquí, solo cambió de envase…

Anaid habló con el tono característico del profesor, o más bien, el profesor en el cuerpo de Anaid habló usando su característico tono.

— Como pueden ver, o quizás todavía no, Anaid y yo intercambiamos de cuerpos… —dijo el profesor mientras apretaba uno de sus senos—. Uhmm… son algo pequeños pero sensibles…

El profesor se deleitaba con las sensaciones del cuerpo prestado, el tacto de sus nuevos pechos siendo apretados por él mismo, el cabello pasando los hombros rascando su cuello, el aire pasando por debajo de la falda, las bragas pegándose a su entrepierna y la energía de un cuerpo joven y bien cuidado.

Pero.

— ¿Es una broma de mal gusto…? —un alumno lo interrumpió.

— No sabía que la floja de Anaid y el profe se llevaran bien…

— ¿Acaso el profe nos vendió…?

Los alumnos todavía no se creían lo del intercambio.

— Bola de pendejos, solo miren.

Anaid, o más bien su cuerpo, tomó el teléfono del profesor y lo desbloqueó sin problema alguno y empezó a mostrarles los chats que tenía, también empezó a soltar algunos secretos que tenía con sus alumnos, fue cuando tocó algunos bastante embarazoso que le pidieron que se detuviera y le creyeron por completo.

— ¿Y ahora qué? —preguntó uno de los alumnos.

El profesor forjó una sonrisa maliciosa en el rostro juvenil que había cambiado, caminó hasta el escritorio y se sentó sobre este de frente a los alumnos mostrando las bragas blagas y simples intencionadamente.

— ¿No es obvio? Nos vamos a divertir con el cuerpo de esta perra, ya saben, clase de anatomía humana y de educación sexual —dijo el cuerpo femenino mientras se quitaba la camisa polo y revelaba el brasier blanco y simple—. Pero esto lo vamos a disfrutar tanto yo como ustedes, ¿vale? Desde el año pasado que le quiero dar a esta perra y por fin se me cumplió mi deseo, así que por hoy empezaremos con fotos y manoseo, mañana será el turno de alguien más… y también será mi oportunidad para darle como cajón que no cierra a esta niña.

Dicho eso, el profesor quitó el brasier del cuerpo de Anaid revelando los senos de la chica, de un tamaño que no llamaba la atención, pero firmes y suaves.

— Uh… que lastima que sean pequeñas… 

— Algo es algo…

— No lo sé, creo que le tira a ser una tabla…

Decían algunos mientras sacaban sus teléfonos y empezaban a tomar fotos o a grabar.

— Den gracias que las van a poder tocar, ahora…

— ¡Profe la panocha también!

— ¡Sí, deje que le veamos la concha!

— A eso voy, no sean desesperados, bola de virgos —el profesor respondió burlonamente.

Las bragas fueron bajadas, una vagina depilada y virgen fue revelada.

— Es rosadita… 

— Nunca pensé que le podría ver el coño a Anaid…

— Debe apretar rico…

Los chicos soltaban comentarios sin dudar mientras el profesor revelaba un cuerpo que no era suyo. Mientras tanto, la verdadera Anaid estaba dormida en el cuerpo del profesor sin saber la profanación que se estaba llevando a cabo.

Todos estaban embobados con el cuerpo desnudo de la única chica del curso.

Por otra parte, el profesor ya estaba organizando el rumbo pervertido que tomaría la clase.

— Bien, somos 14 y tenemos todavía una hora, así que fórmense y les daré tres minutos para tocarme las tetas o meterme los dedos en la concha.

La bola de chicos se formó como un perro obediente que recibe una orden.

“¡Ahh! ¡Oye, se un poco más suave”, “Ohh, eso se siente bien”, “Oh por dios, no sabía que tener una concha se sentía así de bien”...

Más y más comentarios obscenos salieron de “Anaid”, su vagina poco a poco empezó a escurrir jugos vaginales, y el calor y sudor de su cuerpo fue aumentando.

Los alumnos también dijeron obscenidades mientras tocaban y grababan el cuerpo desnudo de su compañera.

Así hasta que todos los chicos manosearon el cuerpo de la única chica.

Solo entonces el profesor dirigió su mirada a la chica en su cuerpo.

— Bien, chicos. Fue divertido mientras duró pero tenemos que volver a cambiar, mañana, mañana lo volverá a repetir, pero ahora les tocará a uno de ustedes mientras me dejan cogerla, lo hacemos al azar, ¿vale? Para que no haya quejas. Ah, y que esto se quede entre nosotros, no queremos perder nuestro juguete, ¿entienden?

El cuerpo de Anaid fue vestido nuevamente, y una vez más volvieron a cambiar, Anaid permaneció dormida, y el profe todavía sentía los efectos del cloro a pesar de ser despertado por los alumnos.

Después de eso la despertaron para decirle que la clase había terminado, y aunque reaccionó asustada por lo que había pasado, o recordaba que pasó, fue “tranquilizada” cuando toda la clase la vio raro y con el rostro rojo, pero a pesar de sentir una ligera excitación en su cuerpo, pensó que había tenido un sueño humedo.

Anaid dejó la clase sin conocer lo que había pasado, los chicos ocultaron lo que hicieron ese día tanto a sus padres como a sus compañeros.

Al día siguiente, el intercambio volvió a suceder, esta vez entre Anaid y Rod, otro chico del taller de electrónica; gordito y de aspecto simple, mismo método; esperaron a que Anaid durmiera y luego noquearon el cuerpo de Rod con el trapo bañado en cloro.

Rod no lo podía creer, la diferencia de peso era enorme, sentía la ligereza del cuerpo femenino de Anaid… 

Pero el profe no le dio chance de explorar su cuerpo prestado.

— Flojito y cooperando, Rod —dijo el profesor mientras ponía su mano encima del hombre del cuerpo de Anaid.

— … Sí…

Rod desvistió el cuerpo de Anaid sin pensarlo mucho, aunque se notaba de que estaba asustado de hacerlo como mujer.

— Bien, pueden grabar o hacerse una paja mientras observan, me da igual —el profe se bajó los pantalones y se puso un condón—. Honestamente preferiría hacerlo al natural pero si la pendeja se le prenden las neuronas y se da cuenta nos podemos meter en muchos problemas, además podríamos perder nuestro único juguete…

El profe empezó a manosear el cuerpo de Anaid habitado por Rod, quien no pudo evitar gemir antes la técnica de este.

— Pongan atención, bola de virgos, así es como se toca a una mujer.

El profesor apretaba los pechos de Anaid con un balance entre suavidad y fuerza, Rod solo gemía ante el nuevo estímulo que ese cuerpo le estaba dando. Y por otro lado, había alumnos grabando así como otros haciéndose una paja al ver tal escena.

Entonces el profesor empujó el cuerpo de Anaid contra el escritorio, listo para penetrarla, Rod no pudo evitar ponerse algo nervioso, estaba excitado, pero igual tenía algo de miedo.

— Tranqui, Rod, como esta perra es virgen, te va a doler un poco al inicio, ya después te sientes bien, te lo aseguro.

— …

Rod no dijo nada, simplemente sintió las nalgas firmes de Anaid siendo agarradas por las manos toscas del profesor así como el pene erecto de este siendo frotado contra la vagina temporal que ahora tenía.

— Joder, desde que la vi en mi clase quise cojerme a esta perra… pero nunca pensé que lo haría de esta forma… Bien, ¡aquí va!

*Sonidos de penetración*

— ¡Ahg, duele! 

— ¡Pendejo, no grites, si gritas nos pueden escuchar otros talleres!

Ante el regaño, Rod se llevó las manos a la boca a pesar del dolor en su entrepierna.

— Joder, aprieta rico… Y es virgen, ¡premio doble! —dijo el profesor al notar la sangre del himen roto.

El maestro del taller movió sus caderas lentamente, Rod trataba de contener sus gemidos mientras las lágrimas por el dolor se le escarban de los ojos. Y así, poco a poco, el dolor se fue convirtiendo en placer.

— Hmm… ser mujer… ohh dios… se siente bien… profe… tiene que probarlo…

— Quien iba a decir que serías joto de closet, Rod.

— Ah, profe… sabe que nohh… no lo soy… ah… es solo que… ngh… el cuerpo de Anaid es…

— Jaja, ni siquiera puedes hablar bien, eres toda una puta en ese cuerpo…

— ¡Más duro, profe!

Las caderas del profesor sorprendieron al grupo al aumentar el ritmo a la par que la intensidad de los gemidos de Anaid crecía.

Y así…

— ¡Me vengo!

— ¡¡¡Mmmmmmmmmmmm!!!

Rod alcanzó el orgasmo femenino y el profesor se vino mientras cogía la vagina de Anaid.

— Bien… necesito un descanso… quedan 30 minutos… ah… mierda… estoy cansado… Miren, se la coje otro más y luego limpiamos… 

El profesor dejó a Rod recostado en el escritorio, listo para ser follado de nuevo pero ahora por uno de sus compañeros, este se sorprendió de que el cuerpo de Anaid pudiera seguir y darle más orgasmos de forma continua, otro se acercó para para pedirle un servicio oral; el profesor lo obligó a usar condón.

— ¡Mmm! —Rod sintió el pene en su boca, aunque el sabor era insípido por el condón.

— Joder, la boca de Anaid es calida…

— Carajo, y pensar que la vería chupando vergas…

— Luego sigo yo…

El tiempo pasó, el cuerpo de Anaid volvió a tener más orgasmo, Rod los sintió todos y cada uno de ellos. Después vistieron a Anaid, limpiaron sus sudor y fluidos en la entrepierna, la acomodaron en su banco y volvieron a cambiar de cuerpos.

Anaid despertó con un extraño dolor entre las piernas y la mandíbula cansada, pero no dijo nada, pensó que quizás había pasado demasiado tiempo dormida… o eso les hizo pensar.

— Bien, nos vemos la próxima clase, pueden irse.

Con dos recuerdos difusos de un punto de vista en el que es noqueada con un trapo, sus neuronas hacían unos cuantos clics para sospechar que algo pasaba; no tenía prueba alguna de ello, pero sí tenía la espinita de la duda clavada en su interior.

Anaid faltó el siguiente día del taller, y aunque sus compañeros y profesor estaban frustrados, no había mucho que pudieran hacer, después de eso Anaid retomó las clase del taller, aunque ahora se mantenía despierta dibujando en su cuaderno.

El profesor soltaba comentarios con sarcasmo y frustración oculta hacía la Anaid que permanecía despierta en su clase.

— Es un milagro que alguien como tú permanezca despierta en clase, ¿quizás se viene el fin del mundo? —decía el profesor con un tono burlón.

— Solo quise cambiar… creo… —respondía Anaid como si nada.

Las clases siguieron su curso pero ahora con Anaid despierta. Sin embargo, la frustración fue creciendo en el grupo.

“La perra de Anaid ya no se ha dormido”, “¿Quizás lo sabe?”, “Nah, ta bien pendeja”, “Ahí va nuestro único juguete” “Pinche Anaid pendeja, ni siquiera me la pude cojer”

Los comentarios negativos hacia Anaid solo aumentaban, el profe los entendía, él también quería volver a cogerla, a sentir su pene siendo apretado por esa vagina juvenil, a sentir la suavidad de sus tetas en sus manos. Pero él lo entendía mejor que la bola de pubertos que tenía por alumnos, para obtener su cuerpo otra vez debía hacer algo bien planeado que no le pudiera jugar en contra.

“Chicos, ya tengo un plan”

Tres semanas desde que Anaid dejó de dormirse en clase para que el chat grupal sin Anaid recibiera tal mensaje.

Y así, pocos días después de cierta planificación en el chat grupal.

Empezó.

— Bien chicos… y chica, conseguí una máquina de chispas a un precio barato, qué les parece sí el día de hoy organizamos un concurso para ver quien aguanta más jaja —fingió el profesor,

— ¡Símon, profe, dele!

— ¡Facilito!

Los alumnos mostraron su “emoción”.

— ¡He, profe, nosotros contra usted! ¡Si ganamos nos deja ir sin tarea!

— ¡He si profe!

— ¡No hay huevos!

Los alumnos empezaron a “negociar/alborotar” al profesor.

— Amperios les van a faltar para prenderme —el profe “responde y acepta” el reto— ¿Entonces quien primero?

Los chicos intercambian miradas por un momento, ya sabían que hacer.

— Que vaya Anaid

— Sí, las damas primero.

— Que muestre que hay ovarios entre tantos huevos.

Los chistes, algo rutinario, empezaron rápidamente.

— Mmm, bueno, ya qué, ¿pero no duele?

Y Anaid no tenía idea de lo que estaba por venir, no se veía a sí misma caminando en la telaraña del grupo. 

— Tranquila, ajustaré el voltaje para que una chica como tú pueda aguantar

— ¡Eh no profe, todo parejos!

— ¡Sí, no que mucha igualdad!

“Protestaron” los chicos.

— … Ya los oistes, mismo voltaje para todos.

El teatro ya había comenzado, Anaid estaba envuelta en ello.

El profesor “ajustó” la máquina de toques y le dio un electrodo a la chica inocente mientras este tomaba el otro.

— Bien, dame la mano, para que esto funcione los electrodos deben estar conectados por el cuerpo humano, como somos dos, entonces tenemos que tomarnos de las manos.

Una vil mentira fue contada por el profesor.

“Niña pendeja, si hubieras puesto el mínimo de atención entonces sabrías que estoy mintiendo”, pensó el profesor mientras fingía esa amabilidad tranquila.

Y Anaid, que al principio miraba raro al profesor por su comentario, al no saber nada del curso no tenía argumentos para negarse, pero igualmente se quedó dudando.

— Andale, Anaid, ni que te fuera a embarazar.

— Sí, solo es un apretón de manos.

— No es como que te vayas a romper una uña

Los alumnos soltaron comentarios provocativos.

Anaid cedió a la presión del grupo, tomó la mano del profesor.

Había sellado su destino.

Los dos cuerpos se estremecieron por unos minutos, y entonces…

— ¿Eh? ¿Por qué me estoy viendo a mí misma? —se preguntó “el profesor” confundido.

— ¡Ahora! —gritó “Anaid”

El intercambio estaba hecho.

Los alumnos rápidamente cargaron contra su “profesor”

— ¡¿Qué está pasa-?!

Anaid en el cuerpo del profesor fue interrumpida por una mordaza improvisada en su boca, cuando menos se dio cuenta ya estaba atada con cables y tirada en el piso.

Al fondo estaba el profesor mirando la escena con una mirada de quien ya ha ganado el juego, entonces sus ojos hicieron contacto.

— Ay, Anaid, pobre chamaca pendeja —habló el profesor en su cuerpo mientras caminaba lentamente hasta su antiguo cuerpo—. Si tan solo hubieras seguido durmiendo no tendríamos que haber llegado a esto.

El profesor en el cuerpo de Anaid se puso de cuclillas con la intención de mostrar sus bragas a la verdadera dueña.

— Podríamos haber seguido abusando… no,  no es abuso si “tú” nos das tu permiso jaja. Sí, podríamos haber seguido jugando temporalmente contigo si hubieras preferido seguir durmiendo, nada te costaba hacer eso ya que es para lo único que sirves… Y ahora que no quieres mantener tu rol de juguete temporal de la clase… creo que tendremos que hacerlo permanente… 

El profesor sonríe vilmente mientras mira su antiguo cuerpo abriendo los ojos como platos.

— Hmm, de seguro quieres decir algo como “Devuélveme mi cuerpo” o “no te saldrás con la tuya” —dijo el profesor imitando un tono masculino con la voz femenina de Anaid—. Pero ya es muy tarde para eso, nuestro intercambio se ha vuelto permanente jajaja…

El profesor empieza a toquetear su antiguo cuerpo.

— Y todavía hay cabos sueltos que amarrar…

Desabrochó el pantalón y lo bajó junto con el boxer, revelando así el pene flácido del maestro. Anaid se retorcía con enojo y pánico mientras el profesor en su cuerpo le lanzaba una sonrisa picara.

— Ah, mi antiguo amiguito… me has acompañado durante tantos años… dejá que te dé un último placer…

Con las manos femeninas de Anaid, el profesor del taller tomó su antiguo pene y empezó a masturbarlo.

— Vaya, con que así se siente tocar mi verga… Es tan raro jaja… Pero veo que lo estás disfrutando mucho, ¿no es así, “profesor”?

El pene flácido se puso duro rápidamente, Anaid podía sentirlo, se sentía extraña por ello… y su “cuerpo” temblaba al sentir la mano femenina juvenil acariciándolo.

— Jaja, mira tú también eres una pervertida Anaid, no puedo creer que te hayas excitado con tu propia mano, ¿se siente bien tener una verga?

“¡No, no es así!”, “¡Es culpa de tu cuerpo!” 

Anaid quería pronunciar esas y más palabras pero simplemente no podía.

— Jeje, mira, tú cuerpo también está excitado —dijo el profesor en su cuerpo, soltando el pene y poniéndose de pie para mostrar las bragas mojadas—. Quizás es su forma de reconocerme como su nuevo dueño… Sí… mi cuerpo ajajaja…

Anaid estaba enojada y desesperada, pero solo podía sentir eso, el cuerpo en el que fue puesta estaba atado de pies a cabeza con cables viejos pero resistentes, por más que forcejeaba no lograba romperlos. Y aun así, esas emociones estaban siendo desviadas por el extraño placer en su entrepierna.

— Bien, es hora de estrenarme jeje, ya sabes, como mujer…

El profesor hizo a un lado las bragas revelando la vagina húmeda.

— ¿Sabes? Ya estuve en tu cuerpo antes, y aunque me manosearon tus compañeros, nunca me metieron una verga en este coño que ahora me pertenece… 

Anaid se sacude todavía más desesperadamente al escuchar estas palabras, confirmaban que los vagos puntos de vista que recordaba no eran solo un producto de su imaginación.

— Vamos, no te pongas así, es hora de que estrenes esa verga tuya, y que mejor que con tu propio coño… mi coño de Anaid ajaja…

El profesor se acomodó sobre su cuerpo y se puso de cuclillas…

— Es gracioso, hasta hace unas semanas era yo quien te estaba dando como cajón que no cierra, ahora seré yo quien reciba… He de admitir que estaba en negación al principio, pero la expresión de Rod en aquel momondo daba a entender que tu cuerpo es bueno pal sexo, así que pongamoslo a prueba…

Empezó a frotar los labios mojados contra el pene erecto, su cuerpo temblaba ligeramente por el tacto.

Y entonces.

*Sonidos de penetración*

— ¡¡Aaaahhhh!!

— ¡Profe, no grite!

— Ah… jaja… lo siento.. es… ¡Ahh! —el forcejeo de Anaid lo hizo sentir placer—. ¡Oye, no te muevas…!  Ah… carajo… Rod tenía la puta razón… es cuerpo es otra cosa… Mierda, es una puta injusticia que solo las mujeres se sientan así… Ah… Pero esto… apenas comienza…

El profesor mira con malicia a la chica en su cuerpo quien no deja de forcejear con desesperación y se empieza a mover.

— Oh… esto se siente genial… ahh… ¡Me encanta! ¡Que te metan una verga no esta nada mal!

— Pus no que muy macho, profe.

— Jaja, salió igual de puta que Rod.

Los alumnos se burlan ante los gemidos del profesor en el cuerpo femenino.

— Callen… ngh… lo entenderán  cuand-ohhh… cuando sean esta perraahhh… Y ya no me digan profe, recuerden que ahora… mmm… s-soy A-Ahnaid…  su zorra personal jajaja… ¡Ang!

“Anaid” siguió moviendo sus caderas, deleitándose con el pene del “profesor”, este tenía una expresión complicada entre enojo y placer.

— ¡Carajo! ¡Me encanta como mi antigua verga entra en mi nuevo coño! ¡Ahhh! ¡Ah! ¡Siento que palpita más! ¡Alog viene!

*Sonidos de eyaculación*

— Ay, mira… te veniste en tu… en mi coñito de puberta cachonda jaja… ¿Se sintió rico, “profe”? ¿Su verga de anciano se sintió bien en mi coño juvenil? Ay ya se puso aguada jaja… supongo que es todo lo que un viejo puede ofrecer… Hmmm, carajo, la sensación del semen en mi coño es tan placentera… 

El profesor lleva sus manos femeninas a la vagina que ahora le pertenece, pudo sentir la mezcla de jugos y semen goteando de esta. Luego se levantó, temblando con las piernas débiles.

— Bien… “Profe”... es hora de ponerlo a dormir…  

Uno de los alumnos coloca un trapo de cloroformo en la cara del cuerpo del profesor hasta noquearlo.

“Preparen todo, chicos”

Fue lo último que escuchó la verdadera Anaid antes de perder el conocimiento.

“Profesor violador enloquece”

Ese era el título de las noticias en la redes sociales y en los periódicos, el chisme también era comentado entre los propios estudiantes. Y es que era bastante raro para todos, como quienes escuchan la historia como para quienes pudieron verla; les costaba digerir la imagen del profesor gritando “locuras” sobre que era la alumna a la que violó y que le habían robado su cuerpo, con ese “escándalo” podría simplemente haber terminado en el manicomio, pero se revelaron pruebas de sus abusos anteriores que terminaron por agravar el caso actual, terminando con una condena de 50 años de cárcel.

Lo sorprendente fue la rápida recuperación de “Anaid”, que ya había vuelto a la escuela después de una semana.

—Bienvenida de nuevo, “Anaid” —dijo un hombre actuando como profesor del taller de electrónica.

— Muchas gracias, dire, es un placer volver… Ahora… que le parece si continuamos lo que teníamos pendiente… —dijo Anaid desvistiendose.

— Aguanta, pro… Anaid, se supone que le toca a alguien más tener el cuerpo de esa perra —intervino un alumno.

— Bien, pero primero me cogen y luego cambiamos, ¿vale?

La orgia del taller de electrónica había comenzado nuevamente, ahora con el director a cargo temporalmente del grupo. Nuevamente el cuerpo de Anaid volvió a circular entre los miembros del taller, dejando a cada alumno sorprendido por el placer femenino, todos experimentaron estar en la carne femenina de Anaid al menos una vez, algunos incluso llevan conjuntos especiales para esos días, incluso había veces en las que pasaban más de un día en su cuerpo robado. Pero quien más disfrutaba era el profesor, adoraba ese cuerpo juvenil lleno de energía, que podía comer carne grasa sin consecuencia alguna, beber leche sin sufrir por intolerancia a la lactosa o dolencias corporales, pero sobre todo el sexo como mujer, la sensación de tener un pene llenando su nueva vagina era lo mejor de todo.

Y entonces, el profesor, no… la nueva Anaid comenzó a mover sus cartas.

— Bien chicos… ¿qué les parece si dejamos de rolarnos este cuerpo… y cada uno consigue el suyo propio?

Los chicos y el director intercambiaron miradas.

— ¿Qué tienes en mente, Anaid…?

Anaid mostró una sonrisa malvada antes de empezar a hablar.

Lo que pasó después… solo los grandes lo saben.

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