Feliz día del maestro a esos maestros y maestras que visitan el blog (si es que los hay) y los que fantasean con ser alguna de sus maestras también, para esta ocasión hice una historia conmigo como protagonista.
— Y es así como creamos nuestra primera calculadora, ¿entendieron? —preguntó una voz masculina.
— ¡Sí! —respondió la clase.
En un aula de clases, el profesor Manuel enseñaba a sus alumnos universitarios cómo hacer una calculadora digital. De piel clara, ojos cafes oscuro protegidos por unos lentes de carcasa azul, corto cabello negro y con barba. Llevaba puesto unos pantalones de mezclilla, una camisa fajada así como unos tenis negros; era su uniforme caracteristico.
— Bien, entonces quiero que elaboren una para el lunes.
— ¡Eh, profe, no sea así! ¡Ya tenemos mucha tarea!
— ¡Andele, se la catafixiamos por una figura de anime!
— ¡No sea pesado profe!
— ¡1v1 en minecraft, profe! ¡Si le gano nos deja sin tarea!
Los alumnos se quejaban juguetonamente mencionando los gustos frikis del profe, este solo se rió mientras se acomodaba los lentes.
— Chicos, ya les dije que no acepto sobornos,
— ¡¿Ni aunque se le quite la ropa?!
— Eso me tienta, pero ni aunque se le quite la ropa. Ni se quejen, yo también pasé por el infierno universitario, ahora les toca a ustedes. Y por último, si no pueden hacer una calculadora dudo que puedan vencerme en un 1v1. En fin, tengan un bonito día.
El profe guardó sus cosas en aquella mochila que lo hacía destacar como friki, llena de pins de personajes de anime y videojuegos, llaveros exóticos y calcomanías de monas chinas. Luego salió del salón para ir a su siguiente clase.
Esa era la rutina de Manuel, el profesor universitario de 27 conocido por ser “buena onda” con sus estudiantes, explicaba bien e incluso repetía siempre que notara que el alumno no estaba distraído.
Siguió su día hasta volver a casa, se recostó en cama notando que se sentía más cansado de lo normal así que eligió dormir.
…
La mañana llegó, Manuel abrió los ojos solo para ver la habitación iluminada por la luz del sol.
“Ah… me quiero masturbar…”
Mientras miraba el techo, un pensamiento pasó por su cabeza.
Le hizo caso sin dudarlo, tomo un rollo de papel que tenía al lado y arranco lo suficiente para tener donde limpiar, luego llevó su mano izquierda hacia su cintura, bajando el short por encima de la rodilla y acercandose a la entrepierna, pero…
— ¿Eh? ¡¿Eh?! ¡No está!
Se puso nervioso al no sentir su miembro viril, así que miró hacía abajo para confirmar…
— ¡¿Qu-qué es esto?!
Al bajar la mirada, había dos grandes montañas de carne obstruyendo su vista, pensó que eran una almohada así que las agarró con una mano…
— Ahh… —un gemido salió de su boca al apretarlas— Espera… mi voz… ¡¿Qué está pasando?! … ¡Espejo, necesito un-
Manuel, nervioso por lo que estaba pasando, trató de levantarse para verse en el espejo, pero se cayó debido a su nuevo centro de gravedad.
— ¿Eh…? ¿Cabello blanco?
Hebras de cabello blanco cubrieron momentáneamente su vista. Se volvió a levantar recuperando los sentidos, esta vez camino con más cuidado, sintiendo el rebote de las bolas de carne con cada paso. No le tomó mucho llegar al espejo, este estaba colgado en la pared adyacente a la cama.
— ¿Soy una… mujer?
Piel ligeramente más clara, largo cabello blanco que llegaba hasta la cintura, ojos morados acompañados de largas y finas pestañas, un hermoso rostro libre de barba y completamente liso, unos brazos delgados y suaves libres de vello corporal conectados a una manos más pequeñas y delgadas, un gran par de senos en su pecho con las puntas de sus pezones asomandose por la playera holgada, y debajo de esta había un par de piernas largas sin vello corporal, acompañadas por unos muslos carnosos y un suave pero firme trasero.
— No… puede ser…
Levantó la camisa que cubría su entrepierna por lo larga que ahora era, revelando así un órgano femenino; una vagina. Esto último era la prueba definitiva de que se había convertido en una mujer.
— Realmente soy una mujer… Mierda… ¿Cómo pasó esto…? ¿Qué voy a hacer ahora…?
Se sentó en la cama.
— Ugh… se mueven demasiado… —se quejó al sentir el brusco movimiento de sus senos.
Luego pensó en buscar en su teléfono alguna solución, siempre lo hacía, se movió hasta este, estaba al lado de la cama.
“¿Por qué desperté siendo una mujer?”
Escribió en el navegador, decenas de páginas respondiendo su duda aparecieron, sin embargo, solo hubo una que tenía más relación y sentido que las otras, además de ser la más repetitiva.
“Resfriado TG”
Una rara enfermedad que modifica completamente la genética de una persona para cambiar su sexo y apariencia, variando en cada persona, algunos simplemente obtenían cabello más largo, pechos y vagina. Otros incluso cambiaban el tono de piel o la edad, algunos otros envejecieron o se hicieron más jóvenes, pero todos y cada uno de los casos siempre era un cambio de sexo; este nunca se conservaba.
También encontró una página oficial del gobierno, en el que se daban instrucciones y pasos a seguir para llevar un seguimiento del caso, sin embargo, las versiones web no lo ayudaban así que prendió su ordenador personal para buscar mejor las cosas.
— Bien, lo primero que tengo que hacer es ir al hospital… pero… uhh… ¿tiene que ser ya…?
A pesar de su transformación, la flojera seguía ahí. Manuel era un introvertido que disfrutaba mucho de estar en casa jugando videojuegos o viendo series, únicamente salía para hacer la despensa o porque algún amigo lo invitaba a salir.
Si debía ir al hospital entonces tendría que bañarse y cambiarse… hasta para eso era flojo.
Miro la computadora en el escritorio tentado a ponerse a jugar, luego miró hacía abajo.
— Supongo que el hospital y los juego pueden esperar…
Se recostó en la cama nuevamente y alzó la playera.
— Wow… ¿estas son mis tetas…?
Los montículos de carne fueron revelados.
— … Son grandes…
Se quedó embobado al ver sus propios pechos; grandes, redondos y suaves.
— Mmm… —jadeo al apretarlos—. Son reales… y suaves…
El manoseo no se detuvo, siguió acompañado de gemidos femeninos.
— Oh dios, tocarme las tetas… ah… se siente bien…
La sensibilidad en su pecho era nueva y placentera Manuel, enviaba pequeñas descargas eléctricas a su cerebro… y a su parte baja también.
— Cierto… ya no tengo pene…
Manuel, extasiado, trató de masturbarse como hombre, con su mano izquierda lista para agarrar un falo inexistente.
— Uhh… necesito verme para poder tocar…
Se levantó y acomodó el espejo para que este le permitiera ver su nueva vagina.
— Esta es mi…
Llevo las manos a la entrepierna vacía, tocando suavemente los labios de su nueva vagina, sintiendo el ligero estímulo de esta.
— Ngh… —jadeo al abrirla con dos dedos y ver el interior en el espejo.
No hubo duda, solo placer, y gemidos.
— Oh… oh por dios… esto se siente bien… ahh~
Gimió al meter sus dedos en las paredes viscosas.
Cayó al piso pues había perdido la fuerza en sus piernas, pero sus dedos no se detuvieron.
— Mmm… Ahh…
Los gemidos tampoco.
Y entonces.
*Sonido de timbre*
Nervioso por el sonido del timbre, detuvo el manoseo. Se levantó de la cama y corrió hasta la puerta agarrando sus enormes pechos al sentir su brusco rebote.
*Sonido de puerta abriéndose*
[
— Ah…
El joven, un estudiante de Manuel, se quedó congelado al ver a la belleza albina en la puerta.
Mientras tanto, Manuel recordó una cosa más…
Justo ahora es una mujer, una que tiene su entrepierna expuesta al solo llevar una playera masculina puesta.
*Sonido de puerta azotada*
Manuel se recargó contra la puerta, con el rostro rojo como tomate y con el corazón latiendo alto.
— Lo siento, no sabía que el profe estaba ocupado, es que hoy tenía una sesión de tutoría con él —explicó el jovén.
— ¡Yo… Manuel no está…! ¡Sa-salió!
— Se me hace raro, el profe normalmente es quisquilloso con estás cosas… deje le marco.
Al otro lado de la puerta, el joven tomaba su teléfono para llamar al profe.
— ¡D-dejó su teléfono en casa! —impidió Manuel gritando.
— Uhmm… disculpe… amm… ¿Puedo esperar al profe…? Es que es urgente…
Manuel estaba entre la espada y la pared, ahora lo recordaba con más claridad. El alumno; Antonio, debía estar en su casa para hacer un avance de la tesis para su graduación. Y era urgente, el lunes pedirían avance del proyecto y si no entraban nada entonces se le llamaría la atención por mal tutor.
— … Pu… puedes esperarlo en la sala… solo dame unos momentos…
Volvió a su habitación, está vez caminando con paso acelerado, se puso un short.
— Mierda, me queda flojo…
Notando como el short le quedaba flojo en su nueva figura apretó el cordón y le hizo un nudo.
[
Volvió a la puerta principal nuevamente y la abrió.
— A… adelante…
El joven se le quedó viendo fijamente.
— N-no te me quedes viendo tanto…
— Lo siento, es que la novia del profe es muy hermosa —dijo el alumno avergonzado y con nervios mientras sonreía.
— ¡S-solo toma asiento! —respondió Manuel con una mezcla de enojo y vergüenza.
— Sí.
El jovén tomó asiento en la sala mientras esperaba al profesor que sin saber tenía enfrente. Mientras tanto, Manuel se fue a cambiar, notando como sus ropas masculinas quedaban flojas en su nuevo cuerpo femenino, tuvo que ajustarlas con seguritos que tenía en su escritorio. Tomó su teléfono y bajó nuevamente.
— Voy a salir a buscarm… a buscar a Manuel, tú espera aquí.
— Está bien.
Manuel salió iniciando la ejecución de su plan, fingiría salir y dejaría pasar un rato para luego mandar un mensaje desde su teléfono celular a su alumno.
Se escondió en el patio trasero y dejó pasar 15 minutos.
“Hola, Tony, una disculpa, me ocupé y me olvidé por completo de esto, mira, te diré que, deja el trabaje en la casa y yo me encargo de los ajustes, vale?”
Fue el mensaje que envió.
“Sí profe, ta bien, oiga no nos dijo que tenía una novia tan sexi”
Fue respondido con tal mensaje, no pudo evitar sonrojarse.
“Solo deja el trabajo ahí, yo me encargo de ello”
“Está bien profe, aquí se lo dejo”
Pensó que había terminado, pero no escuchaba el sonido de la puerta abrirse.
“¿Por qué no sale?”, se preguntó luego de que pasaran cinco minutos.
10 minutos pasarón, todavía no había sonido de la puerta.
— ¡¿Por qué todavía no sale?! —Manuel se quejó murmurando.
Desesperado, abrió la puerta, pero no encontró al alumno en la sala.
“¿Dónde se metió?”
Con nervios, camino a la habitación, ahí encontró al chico… viendo la pantalla en la computadora…
— Profesor Manuel… ¿me puede explicar esto…?
— ¡¿Quién te dijo que podías entrar a mi habitación? Digo, a la de Manuel! —Manuel se armó de valor para confrontar a su alumno.
— Bueno, si alguien no hubiera olvidado su configuración de steam, tal vez no lo hubiera hecho.
Entonces Manuel lo notó; de la bocina de su computadora salían gemidos, gemidos que eran provocados por los wallpapers eróticos que tenía como fondo de pantalla.
— Eso… Vayamos a la sala…
Derrotado, le pidió al chico seguirlo a la sala…
— ¿Entonces contrajo el resfriado TG? Había escuchado de él, pero siempre pensé que era un mito… Oiga profe… ¿me deja hacerselo?
— ¡¿Qué?! ¡No! ¡Si no he abusado de las chicas, ¿qué te hace pensar que voy a abusar de los chicos?!
— Andele profe, de seguro tiene curiosidad.
— ¡Claro que no! ¡¿Qué te hace pensar eso?!
— Pues cuando me recibió estaba semidesnudo…
— Ah… eso… —el rostro de Manuel se puso rojo al recordar lo sucedido hace unos momentos.
— Andele, una probadita no lo va a hacer gay, además no tiene cura.
— ¡Basta! ¡Soy tu maestro!
— Maestra querrá decir.
Manuel, harto de las insinuaciones de su alumno, tomó su teléfono y escribió cierto número telefónico.
— Escucha bien, Antonio, o te largas ahora o llamo a la policía. Aunque me haya convertido en mujer, no voy a tolerar esa actitud.
— Está bien, me retiro… pero ya sabe, si uste-
— ¡Pero ya!
El chico se fue, dejando una memoria con el trabajo en la mesa de la sala. Por otra parte, Manuel estaba frustrado ante la actitud de su alumno, ya no le apetecía masturbarse o explorar su cuerpo femenino.
Entonces hizo uso de ese mal sabor de boca para hacer los trámites. Se metió a bañar ignorando las nuevas sensaciones que le daba el agua al caer por su piel, se cambió de ropa, aunque debido a su nueva figura toda le quedaba holgada, por no decir que sus pantalones eran inútiles ya que no lograban subir por completo, y su calzado era enorme para sus pequeños pies femeninos tuvo que usar unas chanclas que dejaban espacio de sobra para sus finos pies, llevó todos sus documentos en mano, salió de la casa y subió al auto en rumbo al hospital.
— Ugh… el cinturón se me mete entre las tetas… —se quejó Manuel al sentir el cinturón de seguridad meterse en la hendidura de sus nuevos pechos.
Entonces Manuel volvió a experimentar nuevas sensaciones, esta vez los topes y frenos hacían que sus pechos se movieran acorde a la intensidad del impacto.
Por su parte, el hospital se encargó de darle una nueva acta de nacimiento después de una fila de espera, sin embargo.
— ¿Con qué nombre desea ser identificada? —le preguntó una enfermera mientras llenaba los datos.
— Ah, eh… Vania está bien…
— ¿Ah, solo uno?
— Sí…
La entidad donde Manuel vive, es muy comun llevar dos nombres, Manuel pensó en el primero durante su trayecto, pero no le encontraba alguno otro que hiciera juego con el primer nombre.
“Vania ***** *****”
Era el nombre registrado en el acta impresa.
— Aquí tiene su CURP también, ahora debe ir a cualquier oficina del INE por una nueva credencial, debe presentar este documento también, solo así le daran la nueva identificación.
— Sí, muchas gracias.
La ruta siguió, Manuel buscó en su teléfono la oficina Ine y condujo hasta esta, haciendo fila nuevamente para ser atendido, pero.
— Ummm, ¿quiere salir con esas ropas?
Manuel, que llevaba una playera que se notaba la diferencia de talla, pero también resaltaba sus pezones.
— Tenemos un pequeño probador para ocasiones como esta por si gusta usarlo.
[
Manuel miró hacía abajo, notando como sus pezones sobresalen a través de la tela, sonrojando su rostro.
— … Creo que lo usaré…
Manuel pasó al probador, había todo tipo de prendas, incluso sujetadores. Se quitó la playera holgada y tomó torpemente un sujetador negro, lo miró como un niño mirando lo desconocido pero con curiosidad, entonces se llevo al sostén al par de senos para cubrirlos.
“Creo que no es de mi talla…” pensó al sentir como no lograba conectar los ganchos de este por más que lo estiraba
Tomó otro, esta vez ligeramente más grande, le quedó perfecto, aunque batalló para abrochar los ganchos en su espalda.
Luego miró las prendas nuevamente, pensando que debería usar para su foto, era una foto que estaría en su cartera por 10 años.
— … algo simple debería estár bien…
Tomó una camisa blanca, se la puso sin problemas, bueno, casi… sus nuevos senos no le permitían cerrar del todo la camisa, dejando un escote seductor. Se acomodó el largo cabello blanco al sentirlo dentro de la camisa. Después volvió a la sala para la foto.
*clic*
[
La cámara tomó la foto del nuevo rostro de femenino de Manuel, después se le pidió registrar sus huellas así como escribir su firma.
— Bien, todo listo, aquí tiene su nueva credencial —la mujer que lo atendió le entregó su nueva credencial—. Puede quedarse con las ropas.
— ¿Ah, en serio? Gracias…
— No es nada. También, viendo su trabajo, deberá acudir a la secretaría de educación pública, para su suerte hay un departamento encargado de estos casos.
— Se lo agradezco…
Dos horas habían pasado desde que salió de casa para moverse y hacer todo el papeleo. Ya tenía su acta de nacimiento y CURP, ahora solo faltaba notificar al trabajo y resolver la situación rápidamente, ya estaba de pie frente a la entrada del edificio, de este salían y entraban personas.
Pero entonces lo notó, las miradas morbosas de los hombres.
“Mira como va, ¿acaso no le da vergüenza?”
Y los comentarios afilados de las mujeres.
“Terminemos con esto rápido”, pensó mientras se adentraba en el edificio.
Preguntó a la recepcionista por su caso, está rápidamente le indicó dónde debía ir. Se movió por los pasillos recibiendo miradas de todo tipo hasta llegar al departamento indicado.
— Buenos días, adelante, cierre la puerta por favor.
Dijo el hombre al verlo parado en la entrada, este llevaba una camisa blanca con los logos del gobierno así como un pantalón negro.
— Buenos días, mi-
— Sí, sí. Resfriado TG, todos vienen aquí por lo mismo, ahora quítate la ropa Interrumpió el hombre con un tono autoritario pero relajado.
— ¿Qué?
— Sí, tengo que hacer una inspección, ahora quítate la ropa.
— No dijeron nada de esto en la página.
— Claro que no~ esto es solo un costo por servicio.
— ¿Qué?
— ¿Es que eres tonta? Hay que pagar por hacer el trámite.
Las neuronas de Manuel conectaron los hilos, este hombre solo estaba haciendo abuso de su poder.
— ¡Esto es un abuso!
— ¡Shh! No grites, no querrás armar una escena. Escucha, si quieres seguir trabajando como docente y disfrutar los beneficios entonces tienes que hacer lo que yo diga, ¿Vale? Por qué con una orden puedo hacerte perder el trabajo.
— ¡Voy a denunciarlo con las autoridades! —respondió Manuel con rabia.
— Cariño, piénsalo un momento. Estamos en México, con una sola orden puedo hacer que te den cuello, ¿lo entiendes-mendez? Así que flojita y cooperando.
Manuel estaba entre la espada y la pared, ser maestro era la única carrera estable que pudo conseguir después de esforzarse estudiando. Ya había aplicado para otros trabajos pero siempre terminaba en rechazo, así que perder el trabajo le aterraba demasiado. Y si ponía una denuncia, entonces sería su cabeza la que sería colgada.
— Está bien… Esto lo hace con los demás… ¿no es así…?
— Claro, no todos los días coges de a grapa.
La playera que había sido abotonada hace varios minutos fue desabotonada, el brasier negro resguardando los pechos fue revelado.
[
— No estás nada mal —dijo el hombre acercándose para ver más de cerca—. De hecho, estás mucho mejor que otros hombres con tu mismo caso.
— ¿Po-podría apurarse…? Quiero de irme de aquí cuánto antes…
— ¿Eh? Pero si tenemos bastante tiempo, cerramos a las 3 y apenas es medio día.
Los ojos de Manuel se abrieron como plato, estaba a merced de aquel tipo y parecía que no sería tan rápido como pensaba.
— Bien, es hora de comprobar la mercancía.
— ¡¿Ahh?!
Manuel soltó un gemido femenino al sentir sus senos siendo apretados por el hombre.
— Veo que tienes buena sensibilidad —se jactó el hombre al escuchar el jadeo de Manuel mientras sentía y apretaba los suaves senos femeninos—. Ahora veamos abajo.
Sin dudar por un solo segundo, el hombre metió su mano a través del pantalón ajustado.
— ¡Ngh…!
Manuel volvió a jadear al sentir el dedo masculino explorando su nueva feminidad, sus piernas se debilitaron haciendo que se recargara sobre el hombre.
— ¿Te gusta demasiado, cierto?
— N… no lo sé… ngh…
— Bien, comencemos por una mamada —el hombre se bajó los pantalones y reveló su miembro erecto—. Como eres nueva en esto solo te puedo decir que trates de que los dientes no toquen la carne.
Manuel se quedó congelado, no quería hacerlo, no había pasado ni un solo día como mujer y ya estaba a punto de ser violado como una.
— Date prisa, no dejes a un hombre esperando, mucho menos el hombre que tiene que tiene el poder para hacer que conserves tu trabajo.
Las palabras del hombre perforaban como cuchillos afilados la mente de Manuel. Perder su trabajo no le gustaba para nada, sentía que todos sus años de sufrimiento universitario se estaban yendo a la basura.
Se arrodilló sin más, temblando de miedo. Usó el conocimiento que ya tenía como hombre para empezar a frotarlo con las manos, sintió la piel rugosa y caliente en las palmas de sus manos femeninas.
— Oh… no está mal… pero usa esa maldita boca de una vez.
Ante la indecisión de Manuel, el hombre tomó su cabeza con sus manos y la acercó al rostro femenino. Manuel trató de negarse con terror, pero su fuerza era menor ahora que era una mujer, fue forzado a sentir como el pene erecto entraba en contacto con sus labios y mejillas.
— Anda, abre la boca, ¿o quieres perder la plaza?
Manuel se forzó a abrir la boca, pudo sentir el trozo de carne entrando en su boca.
El hombre comenzó a moverse.
— Tranquila, esto es lento y con calma~
— Mmm…
— Por tu expresión, debes estar sorprendida de que te sepa bien, ¿no es así?
El hombre tenía razón en el comentario que soltó.
“Se supone que debería odiarlo… ¿Entonces por qué me sabe tan bien?”
Se preguntaba Manuel en su cabeza al encontrar el sabor del pene como algo agradable, incluso podría decirse delicioso.
— No sé cómo funcione pero el virus modifica las papilas gustativas para reaccionar de manera positiva al pene, algunas se vuelven adictas, otras raramente lo encuentran repulsivo. Quizás ese rumor de que el virus se originó de una ninfomana sea cierto.
Manuel se estaba dividiendo en cuerpo y mente; su mente encontraba repulsivo lo que estaba haciendo, pero su cuerpo solo estaba aumentando el éxtasis, chupaba con repulsión aquel pene a pesar de encontrarlo agradable en su lengua.
El servicio oral siguió a pesar de la división interna de Manuel, quien poco a poco fue haciendo que las palpitaciones del pene en su boca aumentaran.
— ¡Tragalo todo, perra!
El hombre tomó su cabeza y la sujetó fuerte mientras disparaba su semen en la boca de la albina.
Una vez más, Manuel se encontró dividido, para su lengua, fue de lo más delicioso que había probado, para su mente, fue la peor y más humillante experiencia que había tenido.
— Bien, ahora seguimos con la otra boca —dijo el hombre sin dar tiempo a Manuel de procesar la situación.
Pero.
*Tono de llamada*
— ¿Bueno? Ah, sí jefe… de inmediato… —el hombre contestó la llamada y también colgó rápidamente para ver a la mujer frente a él—. Je, parece que te salvaste, me voy a ocupar así que deja los documentos en mi escritorio, también tengo toallitas para que te limpies. Vuelve en tres días, igual presentate a trabajar y ve al primer piso por una constancia, diles que te envía Lalo y te atenderan rápido.
El hombre se fue dejando a Manuel solo en la pequeña oficina personal, desnudo y con el sabor del semen todavía en su boca… Hizo como si nada de eso hubiera pasado, se limpió la cara y se puso nuevamente su ropa. Después salió de ahí e hizo lo que el hombre le dijo, rápidamente le dieron una constancia.
Regresó a casa agotado por todo lo que había pasado, ni siquiera tenía las fuerzas para continuar resolviendo los problemas que ese cuerpo le había traído.
Solo se tiró en la cama, pensando en los que había hecho, sentía asco y repulsión por lo que hizo, pero también.
— Mmm~
Sun darse cuenta, había imitado aquel movimiento con el qye realizó la felación; la mano cerca de la boca y los labios abiertos mientras la lengua se movía suavemente, como si tuviera un pene imaginario en esta.
“¿Qué estoy haciendo?”, se preguntó en su mente, pero no se detuvo.
— Ngh~
Su mano izquierda se abrió pasó desabrochando el pantalón y metiéndose a través del boxer, introdujo uno de sus dedos,
— A~ang~
Su manos “libre” pasó de imitar al movimiento de masturbar un pene a agarrar su seno izquierdo por encima de la ropa.
[
Era una escena lasciva que uno podría encontrar en un vídeo para adultos, Manuel se estaba masturbando mientras su mente imaginaba situaciones en los que era tratado, o más bien, tratada como la mujer que era ahora, escenas en las que ella chupa con devoción y lujuria el pene de otro hombre, escenas donde era penetrada por uno de estos.
— Ya casi… a~aahhh~
Su cuerpo femenino se estremeció por completo. Manuel, no, Vania había alcanzado su primer orgasmo como mujer.
— Ser una mujer… ah~ se siente increíble… —Vania llevó su mano femenina a su rostro, viendo lo mojada que se había puesto con sus propios fluidos vaginales, formando un puente de fluidos entre sus dedos—. Mis propios jugos…
Y luego, la lujuria abandonó su cuerpo.
— ¡No, no, no! ¡No puedo ser así!
Avergonzado, Manuel se fue a bañar para despejar su cabeza, pero…
— Ahh~ ¿qué rayos? El agua se siente tan diferente de cuando era hombre…
Se volvió a masturbar, ahora estímulado por las gotas de agua cayendo por su piel femenina.
“Ser una mujer…. es tener un orgasmo tras otro…” pensó mientras se envolvía en la toalla de la misma forma que hacía como cuando era hombre.
Salió del baño con las tetas al aire, con su parte inferior cubierta por una toalla verde, se sentó en la cama y tomó su teléfono.
— Bien, ya está el acta de nacimiento, la CURP, el INE, lo del trabajo está en proceso… ¿qué falta? —entonces miró sus tetas desnudas—. Ropa…
Se colocó el sujetador y un boxer, lugo empezó a ver entre sus ropas, viendo cuáles todavía podían servirle y sacando las que de plano ya no podría usar.
— Ugh… parece que solo tengo ropa para andar en casa… y tampoco tengo calzado… y ropa interior… Sayonara estabilidad económica… —expresó preocupado por su cartera.
Volvió a salir, esta vez para comprar ropa para su cuerpo femenino, subió al auto y se dirigió al centro comercial, pero…
“Carajo… esto es tan incómodo…”, pensó al notar las miradas que recibía por parte de los hombres. Caminó rápidamente, o tan rápido como su nuevo equilibrio y las chanclas enormes le permitían, a la tienda de ropa y calzado.
La atendió una trabajadora amablemente, le comentó si podía comprar ropa para ponerse de inmediato, está accedió a su petición.
[
Una blusa morada, un pantalón de mezclilla y unas zapatillas negras de tacón corto hicieron su primer conjunto femenino.
Sin embargo…
— Señorita… debería usar ropa interior acorde a su género… —dijo fríamente una trabajadora al notar el boxer sobresaliendo de su cintura.
— S-sí… solo que primero quería algo para andar agustamente… —Manuel respondió con vergüenza.
Rápidamente tomó varias bragas y sujetadores, entonces volvió al probador.
“¡Ah, que vergüenza! ¡Tragame tierra!”, pensaba en su mente ya que no podía gritarlo.
Pero.
— Señorita, la ropa interior no puede ser probada.
— ¡¿Entonces cómo sabré si me queda?!
— Señorita, debe saberse sus medidas.
— ¡No me las sé! ¡Esto es nuevo para mí, ¿sí?!
— Tranquila señorita… yo le ayudo.
La trabajadora sacó una cinta de medir, entró al probador y empezó a medir a Manuel.
— ¡Ah! —gimió Manuel al sentir las manos de la trabajadora pasar por su cuerpo.
— Señorita, por favor quédese quieta y no haga ruidos raros.
— L-lo siento…
— Busto: 97, cintura: 63, cadera: 95… una generosa copa D, siéntase orgullosa, señorita, tiene una figura que cualquier mujer envidiaría, incluida yo.
— Gra… gracias…
— Mire, cambiese y espere afuera, le traeré la ropa para su figura.
Manuel no dijo nada, la trabajadora simplemente salió y dejó a Manuel quien se puso nuevamente la ropa.
Pasaron unos pocos minutos hasta que la mujer volvió, acercándose a Manuel con brasieres y bragas para su cuerpo femenino, éste las tomó y las puso en su brazo como si las prendas fueran un gancho, luego siguió caminando por la tienda, ahora mirando blusas y pantalones, tomó uno, dos, tres, cuatro, cinco de cada uno; “uno para cada día de trabajo”
— Uhh, pantalones de vestir también, y dos sacos… —balbuceaba para sí mismo.
Y entonces.
— Señorita, una joven tan hermosa como usted debería lucir su figura con, faldas y vestidos… también, ¿gusta que le proporcione un carrito?
Otra trabajadora la interceptó con el fin de venderle más ropa, Manuel no se dio cuenta de ello y terminó aceptando.
Faldas y vestidos fueron añadidos a su carrito junto con la ropa que había estado cargando.
Nuevamente tuvo que ir a los probadores, se sientió “normal” con las blusa y pantalones a pesar de quedarse un poco deslumbrado por la belleza que el espejo reflejaba, pero con las faldas y vestidos…
— Disculpe… creo que estas cosas no son lo mio… —dijo Manuel devolviendo las faldas y vestidos.
— ¿Eh, por qué no? —preguntó la trabajadora esperando tener una solución.
— Es que… no me gusta el aire en las piernas…
— Ah, bueno, eso se puede resolver, señorita —la mujer tomó unas pantimedias—. Con esto, adelante, pruebelas.
— Ok… ah… ¿me la van a cobrar…? —sospechó Manuel al ver el paquete cerrado.
— ¡N-No, cortesía de la casa! —respondió la mujer con ligero nerviosismo.
— Bueno…
Manuel se puso unas pantimedias antes de ponerse una de las faldas.
[
Se quedó fascinado con la imagen que le devolvía el espejo, y a la vez se sentía menos desnudo.
— Llevaré 5 más…
Después pasó al calzado finalmente dejando esas chanclas enormes por unas sandalias de su talla, terminó comprando también unos tenis, unas zapatillas de tacón corto y unos tacones de aguja, también compro calcetines y medias.
Y así, la sonrisa de Manuel fue borrada al pasar la caja registradora.
— Mis ahorros… mi viaje a Japón…
Era lo único que se decía Manuel mientras volvía a su carro con un manojo de bolsas en las manos, tenía una expresión vacía en su rostro. Había gastado poco más de 20,000 pesos mexicanos en ropa y calzado, se sentía desmotivado.
Subió las cosas al carro, encendió el motor y regreso a casa, o al menos ese era el plan.
*Sonidos de sirena de policia*
“Justo lo que faltaba”, pensó Manuel al darse cuenta de que era él al que detenían, prefiero hacer caso al oficial y se detuvo en una orilla de la calle. El oficial se detuvo detrás de él, bajó del auto y se dirigió a la puerta del conductor, Manuel lo vio por el retrovisor; un hombre de estatura mediana y algo gordo, llevaba el uniforme característico de un oficial de tránsito.
— Buenas tardes oficial, ¿hice algo malo?
— Buenas tardes señorita, ¿sí sabe que se pasó un alto?
— ¿Me pasé un alto? ¡¿Yo?! Lo siento, no lo vi…
— Su credencial de conductor por favor.
— Sí, ah…
Manuel ya tenía una idea clara de estos procesos, pero había olvidad algo muy importante.
¡Él ahora era una mujer!
Y en su cartera, estaba su credencial de antes de la transformación.
— Uhh…
— Señorita, su credencial.
— No la traje…
Al principio, cuando el resfriado iba siendo conocido, muchos conductores lo usaron como excusa para evitar infracciones, así que optaron por una mejor alternativa; los afectados por el resfriado TG tenían prohibido conducir hasta tener todos sus papeles en mano. Y a Manuel justamente le faltaba su credencial de conductor como mujer.
— Bueno, me temo que tendré que llevarme el vehículo al corralón.
— ¡No! —los ojos de Manuel se abrieron como platos—. ¡Debe haber alguna forma…!
— La hay… —el oficial miró a su alrededor—. Si usted bien lo desea, le puedo ofrecer una ayuda humanitaria de 500 pesos.
Manuel miró su cartera, había olvidado llevar dinero en efectivo.
— Uhh… ¿No hay otra forma…? —preguntó Manuel sabiendo la unica posible respuesta.
El oficial se le quedó viendo fijamente, especialmente a sus pechos, luego volvió a mirar al rededor.
— Muy bien, señorita… si me deja verle las tetas y tocarlas un poco, puedo dejarla ir sin ningun problema…
Manuel bajó la mirada, no había mucho que pensar, necesitaba el auto para moverse, además no quería gastar más después de la ropa nueva.
— Acepto…
Manuel se levantó la blusa y bajó el brasier, revelando sus senos grandes y firmes.
— Wow…
*sonido de camara telefonica*
El oficial no dudó en tomarle una foto.
— Por favor… que no salga mi rostro…
— Claro, no sale para nada. Ahora déjeme comprobar esa merca.
El oficial miró nuevamente a su alrededor, pero viendo el movimiento de los carros, prefirió no arriesgar su imagen pública.
— ¿Sabe qué? Mejor deme su sostén —pero no iba a irse con las manos vacías.
Sin opciones, Manuel se quitó el sujetador como pudo y se lo entregó al oficial.
Después de eso regreso a casa.
“Ser una mujer es complicado”, pensó mientras se recostaba en la cama nuevamente.
— Tengo que conseguir mi licencia si quiero que eso no pase de nuevo… Entonces por qué…
Una vez más se volvió a masturbar.
…
Llegó el lunes, y luego de una rutina que iba entre explorar su cuerpo y prepararse para sus día a día, estaba medianamente listo para dar clases.
A primera hora se presentó en la oficina del director, pero más que una profesora, parecía una oficinista con aquel atuendo que había elegido; una blusa blanca abotonada y un chaleco gris así como un pantalón de vestir grisáceo y unas zapatillas negras.
Le contó todo al director, incluso mostró constancia que le habían entregado en la secretaría de educación, este se comportó de manera amable y llamó al personal para rehacer los ajustes necesarios.
Después de eso se dirigió a su grupo, sus alumnos estaban platicando o jugando en el teléfono, medianamente ordenados, aunque el silencio llego en cuanto vieron a la hermosa mujer albina en traje de oficinista entrar al aula.
— Io… desu… —Manuel estaba algo nervioso—. Puede que no lo crean pero su profesor se ha convertido en profesora…
— ¡¿Cómo?! ¿El profe Manu ya se iba a jubilar? Pero si era muy joven —gritó un alumno.
— ¡No idiota, a lo mejor y se murio! —le respondió el otro.
— ¡No me mori, tontos! ¡Antonio explicales! —Manuel señalo a su alumno, estaba sentado en las filas del medio.
Antonio empezó a explicar la situación, y poco a poco los demás fueron captando el contexto e incluso mencionó su nuevo nombre, pero…
— Eh, profe, saquese una teta para cotorrear —un alumno bromeó con eso.
— Jaja, que gracioso…
— Eh profe, no se deje, luego todos se la van a querer cojer —bromeó otro más.
— Chicos…
— ¡Chicos, ya basta! —una alumna gritó en defensa del profe—. El profe ahora es una mujer y tiene que ser tratada como tal
— ¡Claro, en la cama! —otro albur más.
Los chicos se reían, las chicas lo veían mal, pero el profe todavía tenia esa expresión serena.
— Bien, saquen sus calculadoras digitales, voy a revisarlas, y al pobre que no la haya hecho o la hizo mal, tendrá que escribir 100 veces lo que hizo mal.
— ¡Eh no profe, eso no se vale!
— Si yo me aguanto sus bromas entonces ustedes aguantan mis trabajos.
Poco a poco, Manuel fue revisando los trabajos de cada uno, señalando correcciones en varios de estos, sin embargo.
[
Manuel no se dio cuenta de que sus nuevos pechos estaban golpeando los rostros de sus alumnos, de todas formas la clase siguió su rumbo.
Y el final del día llegó, pero.
— Pueden irse todos menos Antonio, y si alguno dice algun albur entonces puede ir checando la tarea del grupo de WA.
Todos se quedaron callados, pero con esas miradas que sabían que iba a pasar o lo que ellos pensaban que iba a pasar.
Antonio se acercó al escritorio de Manuel, este le dio una memoria USB.
— Listo, ya corregí varios errores que tenías.
— Gracias, profe.
— Ah, otra cosa más… ¿Estarás libre el miércoles…? ¡No es una cita, ¿bien?! Es solo que necesito que alguien me acompañe por unos papeles.
— ¿Y por que no lleva a un amigo?
— Porque me quieren coger o están ocupados los hijos de puta…
— Yo también me la quiero cojer.
— Sí pero tu eres mi alumno, no me voy a acostar con mis alumnos.
— ¿Tendré puntos extra?
— ¿No basta con que te ayude en tu tesis?
— No cuando puedes pedir más.
— No abuses, como sea, te veo el miércoles.
Así terminó el primer día de clases como la profesora Vania, de una forma muy tranquila para “ella”, pero las voces y rumores ya empezaban a correr entre los alumnos.
A la hora de salida, Manuel fue rápidamente a las Oficinas Fiscales de la Secretaría de Finanzas, con papelería en mano, rápidamente se le dio su nueva credencial. Ahora podría manejar con mayor tranquilidad.
Entonces llegó el miércoles, regresó a ese lugar…
Pero.
— Ah, señorita Vania, aquí está su papeleo, le tengo que pedir una foto como evidencia de que lo recibió, por favor mire a la cámara y luego firme aquí —y luego susurró—. Fuiste una perra astuta al traer compañía.
El hombre reveló sus verdaderos colores por un instante, solo para volver a esa actuación de falsa calidez mientras le mostraba el nuevo nombramiento con su nueva identidad.
Manuel, no incluso si su alma es la de un hombre llamado Manuel, ahora su cuerpo y toda su documentación es la de una mujer llamada Vania, a pesar de que solo había pasado menos de una semana, su masculinidad no era más que una sombra de su feminidad deslumbrante.
Vania salió de la oficina con una tranquilidad de que todo había salido bien.
— Bien, vámonos —Vania indicó a su alumno.
Las cosas siguieron su rumbo, Vania poco a poco iba adaptándose a su nueva vida femenina, las clases iban bien a pesar de que los chicos no dejaban de tirarles piropos, incluso ella llegó a seguirles la corriente con retos como “les muestro las tetas si todos sacan 100 en el examen”, “si lo hacen a la primera mañana vengo sin bragas”, “al que responda correctamente todo le dejo agarrarme una teta” y demás retos pervertidos. Por otro lado, las chicas desaprobaban está actitud al principio, pero viendo que no pasaba de las palabras y que el ambiente era relajado, poco a poco empezaron a unirse en estás conversaciones —en especial las chicas que tenían curiosidad por su mismo sexo—, cosas como “que golfa salió la maestra”, “¿le gustan grandes o chicas?” y demás comentarios se volvieron comunes, incluso le preguntaron si las dejaba peinarla, a lo cual aceptó sin problemas, por lo que había días en los que sus clases terminaban con ella dejando la escuela con un peinado completamente distinto.
Sin embargo, los alumnos ya tenían sus propios planes.
Y un día.
— Oiga profe, los chicos y yo planeamos hacer una peda, ¿no gusta ir?
— Chicos, ya saben que yo no soy de esas cosas
— Andele profe, si va nos quedamos callados durante un mes
— Miren, les diré qué, si sacan 100 en el próximo examen, voy a su fiesta
— Sobres, profe, ya dijo.
Y así fue.
— … Todos sacaron 100…
Habían hecho trampa, ella no sabía cómo pero era la única lógica factible, sin embargo.
— Bien… iré a su fiesta, pero esta fiesta solo debe ser de este grupo, no quiero desconocidos ni grupos de otros salones.
Los chicos celebraron a regañadientes ese día, pero las chicas le advirtieron a la maestra albina poco antes de que se fuera.
— Aguas, maestra, en esas fiestas somos nosotras quienes la tienen de perder.
— Yo sé~ yo sé~
Las chicas se quedaron heladas ante el tono despreocupado y algo juguetón de la mujer.
— Es qué… sinceramente tengo curiosidad por el sexo como mujer… pero no quiero andar de cita en cita conociendo gente… la maestra habló con algo de vergüenza.
— Maestra, si es por eso entonces algunas de nosotras pueden ayudarle~
— Jaja, gracias, chicas, pero ya he usado dildos también… y tengo curiosidad por uno de verdad…
Era como Vania decía, durante su adaptación como mujer, el escalado de exploración sexual fue subiendo lentamente, primero usó sus dedos, luego se empezó a frotar su vagina contra la esquina de algunos muebles o contra su propia almohada, pasando a usar pequeños vibradores para luego terminar con penes de goma y dildos con varias intensidades. Pero de todas formas sentía que necesitaba algo más… algo de carne real…
— Bueno… Brad coje rico…
— Diego la tiene grande.
Pronto, las chicas empezaron a darle “información clasificada” de varios chicos de la escuela.
…
— ¡Oigan chicos, ya llegó la maestra Vania!
[
No dijo nada, simplemente dejó que su belleza femenina, la mayoría quedó embobado ante su apariencia, llevaba un top blanco acompañado de una chaqueta verde, una minifalda negra que apenas y lograba cubrir si tanga morada, unas medias largas que llegaban hasta sus muslos y unos tacones de aguja negros, así como un collarin en su cuello y un par de aretes en los lobulos de sus orejas. Aunque también estaban curiosos por la caja que llevaba a su lado.
Caminó al centro del lugar, tratando de llamar la atención de todos sus alumnos —23 en total—, incluso la música en alta intensidad fue detenida.
— Muy bien, chicos~ Yo sé su verdadero propósito, así que por qué no vamos directo al grano, yo quiero sexo y ustedes quieren cogerme… En realidad, ni siquiera sé si pueda con todos… ¡Pero…! Me gustaría jugar pong de desnudos antes de empezar…
Los chicos empezaron rápidamente despejaron una mesa y acomodaron vasos con shots de tequila para el juego.
— Ah, pongan 23 vasos de ambos lados y ponganle números a los míos —ordenó Vania con tranquilidad.
— Maestra… ¿no es mucho alcohol para usted…?
— La verdad no sé, pero creo que es medio justo… Miren ustedes son un chingo y yo nomas soy una… la idea me excita, incluso ya estoy muy mojada, pero no creo poder con todos a la vez, ¿vale? Entonces haremos lo siguiente; el número del vaso decidirá el orden en el que van… mmm… maximo lo haré con 4 de ustedes, tengo un coño, una boca, y dos manos, así que con eso me alcanza para sus vergas… Lo siento, los anales estan prohibidos… ¡Ejem! Tengo… 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11 prendas, así que cada dos vasos me quitaré una, ¿vale? Sin embargo, todos y cada uno de ustedes se quitará una prenda cuando yo meta una~
— ¿Y si nos quedamos sin ropa antes que usted? —interrumpió un alumno.
— Entonces la persona que tiró antes de mí deberá ayudarme con uno de mis vasos, el que sigue después de ese chico elige qué vaso~ Ah, pero antes de iniciar, quiero que pongan sus teléfonos dentro de la caja.
— ¡¿Qué?! —exclamaron varios.
— Miren, valoro mucho mi privacidad, ¿sí? Y lo que menos quiero es convertirme en una estrella porno en las redes de la escuela, prefiero arriesgarme a no ser grabada, ¿vale? así que quiero que metan todos su teléfonos en esta caja, mañana se los devolveré siempre y cuando no descubra que he sido grabada, ¿vale? Esas son mis condiciones para aceptar acostarme con ustedes…
De mala gana aceptaron, y todos fueron colocando sus telefonos dentro de la caja, incluso la albina, claro que todos mandaron mensajes a su familiares para evitar procuparlos.
— Ahora, elijan el orden de tiro para poder comenzar~
Los chicos rápidamente se organizaron del peor al mejor para dar chances en cuanto al turno para darle duro a su maestra, Vania se puso del lado opuesto y el juego comenzó.
Vania no era la mejor en ese juego, pero con esa cantidad de vasos podía anotar sin muchos problemas, o eso pensó.
— Rayos… —dijo después de fallar dos tiros seguidos.
Por otra parte, los primeros chicos anotaron en los vasos, aunque no en buenos números, Vania se quitó los aretes. Al tercer tiro, la albina anotó una, haciendo que los chicos se quitaran alguna prenda.
El juego siguió, las prendas lentamente fueron desapareciendo, siguió con la chaqueta, luego los tacones y las medias, luego la falda, los chicos no podían evitar gritar cuando su profesora los tentó quitandose el brasier por debajo del top, pero también se quejaron cuando se quitó el collarín en lugar del top… solo quedaba el top blanco que remarcaba sus pezones y la tanga morada que estaba mojada mientras los chicos ya estaban con sus penes al aire y completamente erectos, ya le habían ayudado a la albina a bajar el número de vasos, los chicos estaban emocionados por estar a nada de lograrlo.
Y entonces.
— ¡¡¡Wuuuuuuuu!!!
Los senos de la maestra fueron revelados, y como solo quedaba un baso, decidió rosarlo en sus tetas desnudas.
— Bien, vengan los primeros 4~ ¿Quieren hacerlo aquí o en una habitación?
Los alumnos intercambiaron miradas morbosas.
“Aquí mismo”, respondieron.
Pidió a los primos cuatro que se acercarán, y luego dijo el órden numérico de su vagina, su boca y sus manos.
Algunos lo celebraron, otros se molestaron, con esos datos y su número ya podían saber que les iba a tocar
Los chicos no perdieron el tiempo, se acomodaron rápidamente; uno estaba debajo de la albina, listo para penetrarla. Otro estaba frente a ella, listo para recibir un servicio oral, y los otros dos en cada lado y con su penes siendo agarrados por esas finas manos femeninas.
— ¡¡Mmm!!
Vania se regocijó al sentir el pene entrando en su vagina, pero sus gemidos fueron retenidos por el pene entrando en su boca.
Los chicos igual estaban fascinados con la parte que les tocó, mientras tanto, el resto observaba, incluso algunos se masturban con tal escena.
No tardó mucho mucho en obtener aquello que tanto ansiaba, el semen caliente de un hombre siendo disparado en su vagina… aunque también obtuvo semen disparado en otras partes.
— Oh, eso fue fantástico… Oigan, ¿me pueden limpiar antes de pasar al siguiente grupo?
Luego del primer grupo y después de ser limpiada, pasó al siguiente y al siguiente, deleitándose con el placer femenino, el placer de ser penetrada.
Y a la mañana siguiente…
— Mmm…
Vania despertó, sonriendo al ver que estaba encima de uno de sus alumnos, con el dulce sabor del semen todavía en su boca y sintiendo su vagina todavía escurriendo semen… Miró a su alrededor, botellas de cerveza y chicos durmiendo por todas partes, se puso de pie con cuidado de no despertar al chico, notó como sus piernas apenas tenían fuerza para mantenerse de pie, “supongo que me pasé anoche”, pensó mientras se tambaleaba para moverse. Caminó hasta la caja fuerte, puso la combinación y sacó su teléfono. Luego buscó sus prendas, se puso el top, la chaqueta, la falda y los tacones, pero la ropa interior se las dejó como un mero recuerdo.
La maestra Vania se marchó del lugar.
Después de eso, los rumores sobre que ella era una ninfomana se esparcieron rápidamente entre los alumnos, Vania tampoco hizo nada por apagarlos, al contrario, sólo los aumentaba.
Empezó a dar clases en falda ya que descubrió que era más facil para ella tener sexo entre ratos, aunque llegar a clase con el cabello desarreglado, algo sudada y de vez en cuando con manchas de un liquido blanco en su cara la delataba, los rumores llegaron a tal punto que incluso los profesores llegaron a pedir sus servicios.
Se convirtió en una ninfómana, pero sin descuidar su deber con la educación. Convirtió su cuerpo en su nuevo material didáctico, regalaba bragas a alumnos que hicieran perfectamente su trabajo, usaba sus tetas para llamar la atención de sus alumnos llegando a dar clases usando blusas transparentes que mostraban el brasier para luego quitarselo y dejar expuestos sus senos, asistía a orgías siempre que sus alumnos salieran bien en los exámenes, ponía vibradores en su vagina y dejaba que los más aplicados controlaran la intensidad de estos, no había día en que no hiciera algo pervertido.
Y aunque el alumnado femenino estaba molesta con la situación, lo dejaron pasar porque nunca cometió un caso de acoso cuando su maestra todavía era un maestro… eso y que las tenían de perder, Vania tenía a los alumnos y varios profesores “respaldandola”, incluso si tenían la evidencia, las posibilidades de ganar eran bajas, solo les quedaba permanecer calladas, aunque algunas no dudaron en explorar su sexualidad con la maestra.
Acostumbrarse al ritmo pervertido de su nueva maestra no fue muy difícil.
— Oiga, maestra, ¿ahora con quien se acostó? —preguntó uno de sus alumnos al verla llegar con una notable mancha blanca en sus mejillas y señalando la suya propia para que ella se diera cuenta.
— Con quien yo me acueste no es asunto suyo —respondió calmadamente limpiándose el líquido y llevándolo a su boca—. Ahora saquen su laptop y abran el link que envíe al grupo, vamos a ver como crear una página web desde cero, quien tenga problemas puede tener horas extra en mi casa después de clase, pero solo unos pocos…
Esa era Vania ahora, una maestra ninfomana comprometida con la educación y con los penes de sus alumnos, que llegaba a la escuela con una vagina vacía cubierta por alguna tela simple o lujuriosa y que salía llena de semen sin ropa interior que la resguardara. No hubo una lucha en su transformación, sólo una aceptación guiada por el placer femenino, dejando que lo único que quedará de “Manuel” fuera su personalidad carismática y su forma de dar clases.
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