jueves, 21 de mayo de 2026

Día del maestro - El control remoto: edición maestra resentida

 Historia que también se perdio pero me animé a hacerla otra vez.

— Pueden salir, recuerden entregar el reporte el lunes o están reprobados —amenazó una mujer mayor con un tono amargo pero serio.

El lugar era un salón de clases universitario en una universidad pública, la maestra Magaret de 72 años y de pequeña estatura; vieja y cansada, soltaba un suspiro pesado y algo relajante, finalmente sus horas de clase habían terminado.

Caminaba con zapatillas cómodas para alguien con edad avanzada y pies gastados, un vestido largo que no revelaba nada ni dejaba a la imaginación y ni siquiera era respaldado por un busto grande, un cabello canoso y desgastado con corte hasta los hombros, la poca piel que revelaba se podía notar rogusa y demacrada, su cara estaba igual; labios resecos, piel rugosa, y ojeras que pasaron factura al paso del tiempo, su sonrisa tampoco era la más llamativa; dientes amarillentos acompañados de implantes plateados. Tenía un mirada vacía que solo indicaba cansancio y amargura.

“Ahí va otra vez la vieja esa”, “¿Por qué no se jubila?” “Tremendo saco de huesos andante tuve como profesora” “La vieja muerta es de lo peor”

Lograba captar algunos de los comentarios que eran parte de su amargura diaria, pero simplemente los ignoraba… o en realidad los guardaba para después desquitarse con sus alumnos.

Sin embargo, hubo uno que le llamó la atención.

— Dios, no puedo creer que esa vieja bruja nos haya encargado un reporte de 100 páginas…

— Lo sé, no creo poder terminarlo a tiempo

— Y si lo hacemos entonces no podremos ir a la feria de la temporada…

— Esa vieja arrugada ya debería tener un pie en la tumba…

Comentarios duros y de enojo eran lanzados a espaldas de la maestra. Aunque mostró interés en algo que dijeron; la feria.

Era un evento en el que se ponían distintos puestos y atracciones para que los ciudadanos tuvieran una experiencia agradable.

Aunque la idea le parecía tonta, pues ya ha ido con anterioridad, pensó que divertirse una última vez no estaría mal.

La noche llegó, al igual que su pie a la entrada de la feria, entró por el anden que era vigilado sin mucho problema. Llevaba una falda larga y una camisa de manga larga, con su corazón cargado de emoción.

Pero rápidamente esa emoción fue tumbada; comida grasienta y juegos frenéticos no eran acordes para su edad, solo podía ver mientras era torturada por el rico olor de la comida y las luces neón chisporroteando en sus ojos, camino con tranquilidad y melancolia, como si una daga se hubiera enterrado profundo en su cuerpo, recordando su vejez y su incapacidad.

Pero entonces vio algo que le llamó la atención, algo que no requería esfuerzo o que no dañaría su estómago.

Era una tienda de adivinación de la fortuna.

Y como si esta le estuviera llamando, entró.

— Bienvenida, la estaba esperando

Una mujer albina y en un traje de oficina bastante revelador le esperaba detrás de una mesa con los brazos abiertos y cinco cartas sobre la mesa.

— ¿En serio me estabas esperando?

— No, pero siempre me gusta decirle eso a mis clientes jaja —la albina soltó una risa coqueta.

— No lo entiendo… no te ves como una adivina… 

— Bueno, es que yo hago otro tipo de negocios…

— Oh por dios, eres una de esas chicas de la noche…

— Oiga, no, no soy una prostituta… ¡Ejem! Sé por qué a ha venido aquí, ¿quiere ser joven de nuevo, no es así?

— Oh dios, es todavía pero, es una de esas vendedoras que estafan a las personas con productos basura.

— ¡Oiga, mis productos funcionan! 

La albina tomó un control de un estante con varios objetos peculiares.

— ¿En serio vas a venderme un control remoto?

— Solo cállese y observe.

La albina toqueteó los botones del control y luego apuntó a la anciana, en un instante el pecho de la maestra comenzó a inflarse hasta alcanzar el tamaño del los senos que exponía el traje de la albina.

— ¡¿Qu-qué me hiciste?! —la maestra se asustó al sentir el peso en su pecho y mirar hacia abajo.

— Solo intercambié nuestros pechos.

Dijo la albina ahora con nada de pechonalidad.

La maestra Margaret no lo podía creer, la mujer joven ante ella no estaba fanfarroneando.

— ¡¿Cuánto quieres?! 

La albina volvio a toquetear y apuntar el control hacia la maestra, una vez más los pechos fueron cambiados, no pudo evitar abrazarse al sentirlos de nuevo.

— Te lo daré gratis…

— … ¿Cuál es el truco? 

— No hay truco… aunque sí hay un contrato… digamos que por tener esta forma ahora yo debo ayudar a otros… ¿vale?

— … ¿No tienes miedo de que lo use en ti?

— ¿Crees que te lo daría sabiendo que lo puedes usar en mí?

— Pero tú ahora…

— No es lo mismo que yo lo use a que alguien más lo use, ¿sí?

— Bien, lo tomo…

La albina le dio el control a la maestra así como un instructivo, quien se fue a casa rápidamente sin mirar atrás.

Llego a su casa con un pulso un poco acelerado, mirando el control y leyendo el manual con sumo cuidado.

“Control TG: edición cambia partes

Este control tiene la capacidad de intercambiar distintas partes del cuerpo; desde los pies hasta la cabeza sin excepción alguna.

Forma de usar: primero se debe señalar la parte a intercambiar en el menú de pantalla, luego apuntar a la persona con la que desea intercambiar partes.”

Al ser tan simple, la maestra se puso a jugar con el menú, notando como las partes podían ser señaladas de manera específica o en modo de conjunto, inclusive podía agarrar atributos como la fuerza y los reflejos de estos.

Estaba emocionada, de ser real y no una mera ilusión, podría ser joven de nuevo, incluso mejorar su condición física, empezó a pensar en las múltiples posibilidades, a planear su jugada.

Y así lo hizo.

— Muy bien, clase. Hoy vamos a hacer una pequeña actividad reflexiva. Describanse en una hoja físicamente y actitudinalmente, también quiero que describan a un compañero, sea uno que les caiga bien o que les caiga mal no importa, describirlo y añadan algo que envidian de esa persona o que les gustaría tener de ella. Una vez terminada la hoja deberán entregarla para que yo la lea y ustedes adivinen de quién se trata, ¿entendido?

Los jóvenes se quedaron extrañados ante la actividad de la profesora, no es como que no la hubieran hecho antes, pero sí era la primera vez que esta maestra la implementaba. Y aun así prefirieron dicha actividad que algún otro trabajo pesado, sin saber que solo estaban ayudando a la maestra en su maquiavélico plan.

El sonido de las plumas y los lápices sonaba en el aula acompañado de una sensación incómoda debido al giro inesperado de la clase, luego la dinámica siguió con la maestra leyendo las descripciones y con los alumnos tratando de adivinar quien era, por primera vez en sus clases hubo risas al ver los exagerados que eran algunos, fue tan extraño para la clase, incluso la parte de la envidia hacía otra persona fue tomada con humor.

Al final los jóvenes se retiraron, tranquilos de no llevar ninguna tarea pesada como solía hacer. Y otra clase empezó, y la misma estrategia volvió a ser utilizada clase tras clase. Al final del día tenía más de 100 hojas en su escritorio.

Esa noche estuvo leyendo cada hoja, prestando atención a cada detalle, eliminando aquellos que consideraba feos y centrándose principalmente en las chicas hermosas o con buenos atributos. Usaba un cuaderno aparte en el que había dibujado una figura del cuerpo humano, señalando cada una con un nombre de la persona a la que usaría para intercambiar dicha parte, todos escritos con lápiz como si llegara a tener que borrar alguno… Cuando menos se dió cuenta ya eran las 6 de la mañana, asistió al trabajo desvelada, volviendo la rutina de trabajos pesados. 

Sin embargo, estos trabajos pesados se volvieron un punto de apoyo, los usó para confirmar la identidad de sus víctimas, la mayoría eran chicas populares con buen físico y rasgos envidiables. Cada identidad confirmada era un nombre que se remarcaba con pluma en su cuadernillo.

Luego pasó a planear el momento del robo, el momento ideal para cambiar de partes, tenía que hacerlo en un mismo día para evitar levantar sospechas, miró su calendario escolar, entonces vio el día que le vendría como anillo al dedo; un baile festivo que estaba a unas semanas de llegar, ahí robaría todos los rasgos fisicos externos.

Sí, solo los externos porque para los órganos internos ya tenía otros planes.

Aquellos jóvenes que ella captaba de buena salud los hizo reunirse con ella para discutir sobre sus trabajos uno por uno día tras día; cambió su corazón y pulmones con un joven atleta de físico similar, el estómago, intestinos y demás órganos del sistema digestivo fueron intercambiados con otro joven que se le conocía por tener una dieta balanceada, tímpanos robados de una joven que presumía su agudeza auditiva, de otro joven deportista robó su densidad muscular así como su energía juvenil. Claro que las víctimas se dieron cuenta de ello, pero lo tomaron como un simple malestar temporal.

Y entonces, a una semana del baile, la maestra Margaret se ausentó por cuestiones de salud. Solo para llegar al baile discretamente cubierta por un rebozo y un vestido largo debajo de este, nunca destacó y tampoco tenía el favor de los alumnos así que nadie la reconoció o le prestó atención, la entrada tampoco tenía vigilancia, cualquiera era libre de entrar y salir sin problema alguno.

Ahí empezó el caos, dentro del techo oscuro iluminado por el show de luces de la música, la maestra se sentó en los más alto de las grades del gimnasio donde se llevaba el baile. Ahí, logro encontrar a Liz con mucha dificultad, ella no tenía atractivo o un cuerpo curvilíneo, pero tenía algo que necesitaba la maestra para continuar su plan; su vista de aguila. Sin dudarlo, la maestra configuro el control y lo apuntó hacía ella, sintió como su visión se volvía mas clara, podía identificar rostros a pesar de la poca luz y la gran distancia entre ellos.

“Chicas, creo que me siento mal, mi vista me falla”

Por otra parte, Liz, aquella chica con una vista perfecta, notó como su visión se poneía algo borrosa, pensó que se sentía mal así que pidió apoyo a sus amigas para irse, estas la ayudaron sin dudarlo.

Pero.

— No tan rápido… —la maestra Margaret susurró.

Configuró el control rápidamente y apuntó a otra de sus amigas, en un instante el largo cabello liso se convirtió en un cabello grisáceo y despeinado que apenas le llegaba hasta los hombros. No hubo pánico pues no se notaba por la baja iluminación, además de que estaban concentradas en Liz, no obstante, la maestra sí sintió el cabello llegando poco más abajo de sus hombros, lo tocó y sonrió torcidamente al sentir su suavidad.

Volvió buscar entre sus victimas, encontrando a Cloe, la chica que mejor piernas le parecía tener.

*Clic*

Vio a lo lejos como la chica se encogía ligeramente.

“Oye, creo que te hiciste más pequeña”

“Y tu más grande… aunque me estan doliendo los pies… ¿qué te parece si vamos a otro lugar?”

Cloe, que estaba bailando junto a su novio, sintió el cansancio en su pies pensando que había bailado demasiado, así que se fueron a tener un tiempo privado.

La maestra por otra parte, sintió sus piernas por debajo del vestido, asombrada de la suave textura que estas tenían.

Una vez más empezó a buscar nuevamente mientras veía a la pareja largarse.

Ahora encontró a Liliana y Marta, dos de sus objetivos charlando entre ellas con una bebida en mano, Liliana tenía un pecho abundante mientras que Marte tenía un trasero que todo hombre desearía nalguear. 

*Clic, clic*

Instantáneamente, aquellas partes llamativas desaparecieron, sin embargo, ambas se dieron cuenta.

“Oh, por dios, mis hombros se sienten tan ligeros”

“Yo siento que el pantalón está flojo”

“Oye… tus…”

Asustadas, ambas salieron a los baños para verse mejor, trataron de pedir ayuda pero sus voces no podían contra el ambiente festivo y de alta intensidad.

Por otra parte, Margaren sintió el peso en sus hombres, así como su vista se alzaba ligeramente al tener un mayor volumen en su retaguardia.

— Vaya… realmente son grandes… mmm…

Apretó sus nuevos pechos robados.

Siguió buscando, ya tenía los órganos, la vista, el cabello, las piernas, los pechos y el trasero. Ahora faltaban el abdomen, los brazos, y el rostro.

Tampoco le costó mucho, Jenny fue la siguiente; ella tenía el abdomen y los brazos. fueron robados rápidamente tras unos pocos clics. El abdomen flácido de la maestra fue reemplazado por el abdomen firme y esculpido de la joven así como las extremidades flácidas y arrugadas que se convirtieron en brazos jóvenes de piel suave. Jenny tampoco se dio cuenta de ello.

Margaret por otro lado miro su cuerpo, notando lo joven que este se veía, pero un balde de agua fria la golpeó al sentir sus nuevos dedos contra la piel arrugada de su cara.

Una vez más buscó a sus víctimas.

1 clic, 2 clics, 3 clics, 

Color y forma de ojos, nariz, labios y estructura osea fueron robados de tres distintas mujeres, dejando a la maestra Margaret totalmente irreconocible.

Y para dar cierre, un órgano sexual joven y funcional, también estaba allí; pertenecía a Pamela, una joven virgen que cuidaba muy bien su primera vez, y que había escuchado entre las platicas de sus compañeras lo sensible que era su vagina. Un intercambio más que pasó desapercibido por todos.

Sin embargo, faltaba un último detalle, las partes que había robado tenían tonos de piel distintos, así miró a su víctima final, Katia, una joven de una hermosa piel blanca. Que con un clic se convirtió en una mezcla de tonalidades.

Con su crimen hecho, Margaret se quitó el rebozo, revelando su nueva figura robada, se levantó, notando que ahora era más alta, sonriendo con malicia.

Y como si no hubiera hecho nada malo, se marchó del lugar, llegó a casa solo para quitarse la ropa frente al espejo y admirarse mejor, pasó su mano por el rostro joven que formó juntando los mejores rasgos de otras chicas, satisfecha con la suavidad que sentía tanto su mano como su mejilla, continuando con los pechos, el trasero y las piernas. Lista para explorar su nueva juventud.

Claro que el desorden que hizo fue detonado al día siguiente, las víctimas no sabían que había pasado pero exigen una solución que obviamente la administración no sabía resolver.

Por otra parte, la maestra Margaret se pavoneó por la ciudad con su nueva juventud robada, notando las miradas de los hombres, recibiendo todo tipo de piropos.

Cediendo ante el deseo de estrenar su nueva carne.

Y lo que pasó después, solo los grandes lo saben.

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