martes, 19 de mayo de 2026

Día del maestro - ¡Póngase en mi lugar vieja dramática!

Chale, sigue sin aparecer quien heche la mano con los trabajos de Rere y de lady valiant... ni modo, la vida sigue.


En la educación hay padres de familia que más que ayudar se vuelven una piedrita en el zapato...


— ¡Señora, ya le dije que su hijo no participó en los honores porque se la pasa platicando con sus compañeros o dibujando en sus cuadernos o libros, ni siquiera sabe leer o escribir su nombre!

— ¡Nonono, a mí se me hace que usted está en su contra! ¡Se supone que es un maestro, tiene que ponerle atención al niño!

— ¡Tengo 35 niños en el salón, no puedo detenerme a mirar a todos!

— ¡Pus para eso le pagan, viejo incompetente!

— ¡Si tan fácil es entonces póngase en mi lugar, vieja dramática!

— ¡Si yo fuera usted daría mejor las clases!

— ¡Si yo fuera usted me encargaría de que su bendición aprenda a leer!

Una discusión nada habitual se estaba llevando entre el maestro de primer año de una madre de familia alborotadora.

El maestro; un hombre robusto de 39 años vistiendo playera polo, pantalón de mezclilla y tenis cómodos, respondía ante las palabras alborotadas de la madre de familia; una mujer obesa visitando ropa para andar en casa usando chanclas por calzado.

Resulta que desde el inicio del ciclo escolar, esta madre de familia ha sido muy intensiva con el profesor de su hijo, pedía trabajos, pedía ejercicios, incluso llegaba a pedirle al profesor si podía mostrar su planeación. El profesor, por querer evitar conflictos, accedía a sus peticiones, pero le molestaba que después de pedir los trabajos, el niño no los entregara y que la madre pusiera mil y un excusas para recibirlos otro día.

El asunto empezó, se podría decir, de una forma “tranquila”. Sin embargo, pronto el directivo se vio envuelto en este conflicto, quien terminaba por asistir a las clases del profesor para evaluar la situación, cosa que ponía incómodo al docente.

Mientras tanto, el niño origen de causa era un niño irresponsable y distraído, se ponía a platicar con el compañero de al lado o a dibujar en su cuaderno dejando los trabajos de lado, por lo que nunca llegaba a progresar. Y en casa, la madre tampoco le daba la atención necesaria.

Al final, la conclusión del profe fue el pensamiento común en el que se espera que el profe haga un milagro y que de la noche a la mañana el niño sepa leer y escribir por cuenta propia.

Y lo que empezaron con insistencias, se fueron convirtiendo en críticas. La madre, poco a poco empezó a desacreditar al profesor, y entonces llegó la gota que derramó el vaso, fue la terquedad de la madre por hacer que su hijo participara en los honores de la escuela.

Donde maestro y madre de famila empezaron una disputa verbal, disputa que terminó con el personal directivo interviniendo antes de que pasara algo más grave.

Pero ninguno de los dos, sabía que eso solo sería el inicio de un nuevo caos.

Esa noche, ambos fueron a sus camas más cansados de lo normal.

Solo para tener una mañana más caotica que la discusión anterior.

Empezando con el despertar de la madre.

— Ugh… mi cabeza… ¿Ah…? Mi voz…

La “madre” despertó, pero lo hizo con confusión.

— ¿Qué… qué es esto…?

La mujer miró hacia abajo, viendo el busto regordete que siempre a tenido con una extraña incomodidad.

— ¿Dónde estoy…?

Luego miró la habitación en la que siempre dormía, extrañado de lo que estaba viendo; ropa femenina tirada en el piso, alfombra vieja, muebles de madera desbaratados y viejos.

Entonces lo vio, en el espejo grande de un viejo tocador, reflejaba su figura, la figura de aquella madre de familia. No obstante, el alma que controlaba aquel cuerpo no era la misma.

— ¡¿Por qué soy esa mujer?!

Se preguntó el profesor al darse cuenta de que ahora estaba en el cuerpo de aquella madre de familia, se pasó las manos por la piel sintiendo la piel arrugada, pasando las manos femeninas pero algo descuidadas por aquel cuerpo obeso.

No sabía como pero ahora estaba en el cuerpo de la persona que más lo molestaba.

“Tengo que encontrar mi cuerpo” pensó.

Fue a la escuela, así sin más, después de todo, no le importaba la imagen de aquella madre de familia. Pero solo se enteró de que su cuerpo no había ido a la escuela, tuvo que moverse en Didi para poder ir hasta su casa, lo cual le costo 100 pesos ajenos que no le importó desperdiciar.

Golpeó la puerta con impaciencia y fue recibido por su propio cuerpo.

— ¡Aja, tú te robaste mi cuerpo!

— ¡¿Ah, de que está hablando, vieja guanga! 

En lugar de hablar calmadamente, la madre de familia en el cuerpo del profesor culpó al profesor en su cuerpo, quien no dudo en “brincarle al cuello”.

Pero al notar a las personas del vecindario deteniéndose a mirar, se calmaron y fueron adentro de la casa del maestro.

Ahí aclararon las cosas de una forma más calmada, pero por más que proponían ideas, nada pasaba, pensaron en darse un golpe de cabeza, solo acabo con un chichón en la cabeza, recitar hechizos sacados de internet, pero tampoco hubo efecto.  

Intento tras intento, la cruda realidad los empezaba a devorar, obligados a tener que “aceptar” sus nuevos roles hasta encontrar una forma de volver. Intercambiaron información, no por gusto, sino para conservar la imagen de sus cuerpos originales. Discutiendo ardidamente al descubrir ciertas cosas; como que las planeaciones del profesor las compraba en linea o que la madre solo le exigía para parecer comprometida con su niño.

Después de eso, el profesor en el cuerpo de la mujer regreso a la casa que no le pertenecía a su alma pero sí al cuerpo que habitaba.

Ambos se prepararon para un nuevo día en una “nueva” carne.

Sin embargo, quien se llevó la peor parte fue la madre en el cuerpo del maestro al descubrir que controlar y educar a 35 niños no era tan sencillo como pensaba.

“¡Niños! ¡¡Niños!!” 

Sonaba constantemente en el aula, sin tener idea de que enseñar y de como enseñarlo.

Por otra parte, el profesor en el cuerpo de la madre no encontró tan tediosa la vida como madre de familia, pero le molestaba la nueva limitación económica, por no mencionar la perdida de sus hobbies que había acumulado con tanto esfuerzo.

Y entonces lo notó.

— ¿Qué me pasa…?

Al momento de hacer las cuentas, notó que las sumas que hasta hace un día no eran problema para él ahora se le dificultaban.

Se dio cuenta, el cerebro que ahora tenía le estaba jugando en su contra.

“Tengo que volver a mi cuerpo”

Pensó en presa del pánico, no sabía que más le podría hacer el cerebro de esa mujer. Tomó el celular de la mujer, un samsung galaxy de hace años y con una pantalla estrellada que funcionaba de puro milagro. Buscando desesperado por algo que le ayudara a volver pero una vez más fue inútil, todo terminaba en chats sin respuesta o intentos de estafa.

Al final del día, ambos terminaron cansados, la madre por lidiar con los alumno y el profesor por el estrés de preocuparse por su nuevo cerebro.

Desafortunadamente no hubo solución a su problema, sin embargo, el maestro no desaprovechó la oportunidad para devolverle todas y cada una de las ofensas que hizo.

Nunca volvieron a sus cuerpo, pero quien terminó perdiendo por completo fue la madre, no sabía nada de dar clase ni mucho menos de controlar niños, esto hizo que las madres de familia quienes antes eran sus “compañeras” se terminaran quejando y escalando la situación a tal punto de que perdiera el empleo de maestro. Obviamente el profesor estaba furioso, pero no podía hacer nada. Regresar a la normalidad le parecía imposible, y ahora que había perdido su empleo preferiría quedarse con la vida que ahora tiene en lugar de tener que sufrir por buscar trabajo.

Días después la madre se disculpó por lo que había hecho y le pidió juntarse para volver a la normalidad, pero el maestro en su cuerpo la ignoró y bloqueó. 

No quería saber nada de la persona que echó a perder su carrera.

Así terminó esta historia, sin ganadores ni placer, solo perdida. 

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