Hola, feliz año nuevo!
Je... pues estaba traduciendo comic tg de genshin y a la IA le dio por añadirle contexto, así que he decidido compartir su resultado. He de aclarar, los diálogos puestos aquí pueden ser diferentes en el comic porque la IA exageró un poquito al traducir (puso palabras extra por así decirlo). Al principio eran solo los diálogos y luego le añadió demás cositas, así que por eso veran un inicio algo, mmm, ¿seco? Y un final más desarrollado, le terminé pidiendo añadir una breve introducción. También, si ven alguna desconexión entre descripciones de escenarios y acciones de personaje es cosa de la IA al iniciar con la traducción e ignorar lo anterior.
Es el segundo trabajo (creo) en el que dejo que la IA haga todo, si les gusta entonces díganlo en los comentarios, quizás me animo a usar IA otra vez para hacer una historia.
Pronto verán el comic traducido (espero).
Dicho lo anterior, empezamos.
...
El sol comienza a ponerse tras las montañas de Jueyun, tiñendo el cielo de un naranja intenso. Entre las rocas, un hombre corre desesperadamente abrazando una caja de madera ornamentada con sellos dorados. De pronto, una flecha de escarcha impacta justo frente a sus pies, congelando el suelo instantáneamente.
Ganyu, aterrizando con ligereza desde una roca elevada, con su arco en mano y una expresión de serena determinación.
"¡Detente! Despreciable ladrón de tesoros"
"¡Que mala suerte, he llamado la atención de las siete estrellas de Liyue!"
El ladrón lanza una bomba de humo improvisada. Ganyu tose ligeramente y cubre sus ojos, pero para cuando el humo se disipa, el hombre ya ha trepado por un risco y corre por un puente colgante.
"¿La perdí? ¡Ja, soy el corredor número uno de la banda de ladrones de tesoros! ¡Si se trata de escapar, no perderé ante nadie!"
Ganyu cierra los ojos un segundo, conectando con el elemento Cryo a su alrededor. No está cansada; su resistencia es sobrehumana. Comienza a desplazarse con una velocidad que desafía la gravedad, deslizándose por las pendientes.
El ladrón, creyéndose a salvo tras una formación rocosa, acaricia la caja con avaricia.
"¡En esta caja que robé hoy hay un tesoro mágico que incluso gente muy importante desea! ¡Si esto sale bien, tendré la vida resuelta para el resto de mis días! ¡Esta vez, pase lo que pase, no puedo dejar que me atrapen!"
"Hmph"
Justo en ese momento, el aire se vuelve gélido. Una esfera de hielo comienza a girar sobre su cabeza y fragmentos de escarcha caen como lluvia. Ganyu aparece frente al único camino de salida, tensando su arco con una flecha cargada de energía radiante.
"¡Argh!"
Es un grito de dolor, sorpresa o derrota. Parece que a nuestro "hombre más rápido" finalmente lo han alcanzado o le ha pasado algo inesperado.
"Te tengo"
"Maldición..."
El hombre mira hacia adelante: la flecha de Ganyu brilla con una intensidad azul neón, lista para congelarlo en el sitio. La desesperación nubla su juicio y, soltando la caja en el suelo, desenvaina una daga oxidada y saca un par de viales de pociones elementales de su cinturón.
"¡Maldita sea! ¡Tendré que lucharé contigo!"
Parece que el ladrón de tesoros ha sido acorralado y está desesperado. Y en un parpadeo, parece que el ladrón de tesoros finalmente ha sido capturado.
"Ríndete"
"Maldita sea... ¿Este es el poder de un semi-adeptus? Un humano común como yo, que ni siquiera tiene una Visión, no tiene ninguna oportunidad..."
Parece que el ladrón se ha dado cuenta de que su oponente es mucho más poderoso de lo que imaginaba.
"Solo me queda probar el efecto del objeto mágico que hay en la caja... Mientras pueda escapar, el resto todavía podrá venderse a buen precio..."
(Saca el objeto)
Parece que el ladrón va a intentar una medida desesperada.
"¿Eh?"
"¡Toma esto!"
(Lanza el objeto)
"¿Una esfera roja...?"
(El objeto explota)
"¡Cof, cof, cof!"
"¿Una bomba de humo? ¡Mejor así, aprovecharé para escapar ahora mismo!"
¡El ladrón está intentando su último escape!
"¿Qué está pasando?... Me siento muy mareada..."
"Maldición, no tengo fuerzas, es como si..."
Parece que el objeto mágico tuvo un efecto secundario inesperado o que el humo era tóxico.
"Es como si mi alma y mi cuerpo se hubieran separado... Ya no puedo controlar mi cuerpo."
La situación se ha vuelto mucho más extraña de lo que parecía.
"¡Eh, eh, eh...! Mi cuerpo se ha vuelto transparente... No, espera, ¿podría ser que...?"
Parece que el objeto mágico era mucho más peligroso de lo previsto.
"¡¿Mmm...?! ¡Es una proyección astral! ¡Ya entiendo, este es el efecto del objeto mágico!"
Vaya giro, el ladrón ahora es un espíritu.
"¡Tú también te has convertido en un alma! ¿Acaso... hemos muerto los dos? ¡Eso no puede ser, todavía hay muchos asuntos en Liyue que esperan mi regreso para que los gestione!"
"Je... Ganyu todavía no comprende qué es lo que ha pasado exactamente... ¡Ah, ya sé!"
Parece que el objeto afectó a ambos y ahora están en forma espiritual.
"¡Aprovecharé antes de que ella se dé cuenta!"
Parece que el ladrón planea algo mientras Ganyu está confundida.
"¡Es mío!"
Parece que el ladrón ha aprovechado la oportunidad para reclamar algo importante.
"¡¿Este cuerpo... está atrayendo mi alma?!"
Parece que el objeto mágico no solo los separó de sus cuerpos, sino que está creando una fuerza de succión o una resonancia espiritual.
"¡Ha entrado! ¡No puedo liberarme! ¡Noooo... prefiero morir antes que entrar en el cuerpo de un Ladrón de Tesoros!"
Vaya giro, parece que las almas se han intercambiado y ahora Ganyu está atrapada en el cuerpo del ladrón.
"¡Oh, oh, oh, oh! ¡Ha funcionado!"
El ladrón de tesoros (ahora en el cuerpo de Ganyu) está eufórico al darse cuenta de que su plan desesperado salió bien. Ha pasado de ser un simple humano acorralado a tener el cuerpo y el poder de una semi-adeptus.
"¡Estas son... mis manos...!"
El ladrón está mirando sus nuevas manos con incredulidad, maravillado por la piel clara y la elegancia del cuerpo de Ganyu. Es un contraste total con la vida de un criminal que solía llevar.
"¡Mis pechos...!"
El ladrón (en el cuerpo de Ganyu) parece estar procesando el cambio de una manera muy... física y poco digna para una secretaria del Qixing. Mientras tanto, Ganyu debe estar horrorizada al ver su propio cuerpo siendo profanado de esa manera.
"¡Y mis muslos...!"
El ladrón está completamente fuera de sí, deleitándose con su nueva apariencia y lo que él considera su "botín" más valioso. Es una situación humillante para la pobre Ganyu, que tiene que ver su propia imagen actuando de una forma tan vulgar y desvergonzada.
"¡Y por abajo también está todo liso!"
El ladrón (en el cuerpo de Ganyu) sigue explorando su nueva anatomía con total descaro, notando la suavidad y la forma de su nuevo cuerpo de semi-adeptus. Mientras tanto, la verdadera Ganyu debe estar muriéndose de vergüenza y rabia al ver su cuerpo siendo tratado como un objeto de exhibición.
"¡Y hasta lleva un traje de baño sexy...! Ganyu debe de ser una tremenda pervertida en el fondo."
El ladrón está malinterpretando completamente el diseño del atuendo de Ganyu (que en realidad es su ropa de trabajo y una manifestación de su herencia de Bestia Iluminada), viéndolo solo como algo provocativo.
"Las medias negras cubren todo mi cuerpo ajustándose perfectamente, y con el sudor de la persecución de hace un momento... el tacto es increíblemente placentero."
El ladrón está disfrutando de cada detalle sensorial del cuerpo de Ganyu, desde la textura de su ropa hasta la calidez de su piel. Es una situación extremadamente incómoda para la verdadera Ganyu, que ahora mismo solo puede mirar desde el cuerpo del criminal.
"Esas hermosas piernas con medias negras que siempre me hacían babear cuando las veía de lejos, ¡ahora están justo frente a mis ojos! ... No, espera, ¡si ahora son mis propias piernas!"
El ladrón está totalmente absorto en su nueva realidad, admirando la figura de Ganyu como si fuera un tesoro que acaba de robar. Mientras tanto, la pobre Ganyu —atrapada en ese cuerpo tosco de criminal— debe de estar sintiendo una mezcla de náuseas y desesperación absoluta.
"Ese trasero que antes solo podía espiar desde lejos siguiendo sus pasos, ¡ahora está al alcance de mi mano! Puedo tocarlo siempre que quiera..."
El ladrón está cruzando todos los límites, aprovechando que ahora habita el cuerpo de la secretaria del Qixing para satisfacer sus fantasías más bajas. Para la verdadera Ganyu, ver su propio cuerpo siendo manoseado de esa manera por un criminal debe ser una pesadilla total.
"Parece que ya es hora de que tú también despiertes por allí..."
"Ugh... me duele mucho la cabeza."
"¿Será acaso un efecto secundario causado por el fuerte rechazo del alma al intentar fusionarse con el cuerpo?"
El ladrón (en el cuerpo de Ganyu) nota que la verdadera Ganyu finalmente está despertando dentro de su antiguo cuerpo de criminal. Parece que el proceso de intercambio fue traumático no solo para la mente, sino también para el espíritu.
“¿Qué es eso de 'tú' y 'yo'? Con estas medias negras, con este trasero... no hay ninguna duda: ¡Yo soy Ganyu!~"
"¿¡Cómo que hay dos 'yo'!? ¡¿Quién eres tú?!”
El ladrón está totalmente sumergido en su papel, usando su nueva apariencia para confundir y atormentar a la verdadera Ganyu. Mientras tanto, Ganyu (en el cuerpo del ladrón) está sufriendo una crisis de identidad al ver su propia imagen frente a ella actuando de esa manera tan vulgar.
"¡Ah! ¡¿Este es... el cuerpo de un Ladrón de Tesoros?! ¡¿Nuestros cuerpos se han intercambiado?!"
La realidad golpea a Ganyu con la fuerza de un alud. Al verse las manos callosas y la ropa sucia del criminal, comprende la magnitud de la tragedia: su esencia, pura y dedicada al servicio de Liyue, ahora está encerrada en el envase de un malhechor.
"¡Exacto!~ Esa pila de carne podrida te la regalo, porque ahora... ¡yo soy una semi-adeptus!~
¡¿Pero qué clase de broma es esta?!"
El ladrón está en la cima del mundo, despreciando su antiguo cuerpo humano mientras se regodea en la divinidad y belleza de Ganyu. Por otro lado, la verdadera Ganyu (en el cuerpo del ladrón) está colapsando ante la injusticia de la situación; no solo ha perdido su forma, sino que su identidad está siendo pisoteada.
"¡Devuélveme mi cuerpo!"
"¿Oh? ¿Quieres una segunda ronda? Pero... ¿crees que puedes ganar siendo solo tú?"
El ladrón (en el cuerpo de Ganyu) se muestra arrogante y desafiante. Sabe que ahora posee la agilidad y el potencial de una semi-adeptus, mientras que la verdadera Ganyu está atrapada en un cuerpo humano común, agotado y sin entrenamiento especial.
"¡¿Un simple humano sin Visión?! ¿Cómo pretendes derrotar a nada menos que a la secretaria de las Siete Estrellas de Liyue?"
(¡PLAF!)
El ladrón, aprovechando la fuerza y velocidad del cuerpo de Ganyu, le ha propinado un golpe seco (probablemente una bofetada o un golpe que la ha tirado al suelo). Se está burlando de ella usando su propio título y estatus para humillarla mientras ella habita ese cuerpo débil y mortal.
"Quédate ahí tirado y pórtate bien... No quiero pasarme de fuerza y terminar matando a mi antiguo cuerpo accidentalmente."
"Uuuh... bwaaa... esto no puede ser real..."
El ladrón ahora tiene el control absoluto de la situación. Mientras él se siente invencible en su nueva forma, la verdadera Ganyu se ha quebrado emocionalmente; verse a sí misma siendo tan cruel y estar atrapada en esa "cáscara" sucia es demasiado para ella.
"Hmph, basura... Hazte a un lado".
El ladrón, ahora completamente imbuido en la elegancia y el poder del cuerpo de Ganyu, desprecia a su antiguo "yo" con una frialdad absoluta. Trata a la verdadera Ganyu como si fuera un estorbo, una mota de polvo en el camino de su nueva y gloriosa vida como semi-adeptus.
La pobre Ganyu, debilitada y en shock dentro de ese cuerpo humano, solo puede ver cómo su propia figura se aleja con una actitud altanera que ella jamás tendría.
"¡No puedo esperar más para saborear este nuevo cuerpo! Tú quédate ahí a un lado y disfruta del espectáculo... después de todo, no tienes ninguna oportunidad de vencerme~"
El ladrón está totalmente desatado. Con una sonrisa maliciosa en el rostro de Ganyu, empieza a tocarse y a explorar las curvas del cuerpo de la secretaria, disfrutando del hecho de que la verdadera Ganyu está obligada a mirar cómo su propia imagen es profanada. La superioridad física del cuerpo de una semi-adeptus hace que cualquier resistencia de Ganyu (en ese cuerpo humano corriente) parezca inútil.
"¡Ooh!~ Qué sensible... ¿así que este es el 'clítoris'? El tacto es totalmente distinto al de un simple hombre..."
El ladrón está cruzando la última línea de la decencia, explorando las partes más íntimas del cuerpo de Ganyu con una curiosidad lasciva. Mientras experimenta sensaciones que nunca antes había sentido, la verdadera Ganyu está presenciando la violación absoluta de su privacidad y su dignidad, atrapada en ese cuerpo de criminal que ahora solo siente asco y desesperación.
La situación es crítica: el ladrón está descubriendo lo vulnerable y sensible que es el cuerpo de una semi-adeptus ante el tacto.
"¡Mmh!~ ¡Ha salido disparado!~ Se corre mucho más fácil que las mujeres que tenemos entrenadas en la banda... El cuerpo de una medio-adeptus es, definitivamente, de la mejor calidad~"
El ladrón está completamente extasiado, profanando la pureza de Ganyu al experimentar una respuesta fisiológica tan intensa que jamás habría imaginado. Mientras él se deleita en el placer y la sorpresa de la biología de una criatura iluminada, la verdadera Ganyu —atrapada en ese cuerpo de hombre— debe estar sintiendo una humillación que desgarra su propia alma.
Es una escena de una crueldad absoluta: su cuerpo, que siempre ha sido un templo de trabajo duro y devoción a Rex Lapis, está siendo convertido en un juguete de autoplacer por un criminal.
"¡¿Estos son... los recuerdos de Ganyu?! ¡Tres mil años de historia están inundando mi mente directamente...!"
"Uuuh... ¿cómo puede ser esto...?"
El intercambio no fue solo físico. El ladrón, al tomar posesión del cuerpo de la semi-adeptus, no previó que el cerebro de una criatura que ha vivido milenios contiene una carga mental abrumadora. Miles de años de contratos, la Guerra de los Arcontes, la soledad de los siglos y la devoción a Rex Lapis están golpeando su conciencia como un tsunami.
Mientras tanto, la verdadera Ganyu (en el cuerpo del ladrón) llora desconsoladamente. No solo ha perdido su cuerpo, sino que ahora siente cómo su propia esencia y su pasado están siendo "leídos" y profanados por un extraño.
"¡Estuve cerca! Por poco me borran tus recuerdos... ¿Será que el cerebro de un Adeptus es simplemente superior al de un humano normal y por eso puede procesar todo esto?
"¡Maldito ladrón...! ¡Devuélveme mi cuerpo ahora mismo!"
El ladrón jadea, recuperando el aliento tras el choque mental. Su conciencia criminal ha logrado sobrevivir a la marea de memorias milenarias de Ganyu, y ahora parece incluso más arrogante al darse cuenta de que posee una capacidad mental sobrehumana.
Mientras tanto, Ganyu (en el cuerpo del ladrón) intenta desesperadamente abalanzarse sobre él. Pero sus movimientos son torpes; no está acostumbrada al peso y a la tosquedad de ese cuerpo de hombre, y la frustración la hace estallar en gritos de impotencia.
"¡¿Qué es eso de devolvértelo?! Mira cómo tienes eso ahí abajo, está súper hinchado... Me parece que tú también te mueres de ganas de tirarte a tu propio cuerpo, ¿verdad?~"
El ladrón es absolutamente despiadado. Se ha dado cuenta de que el cuerpo del criminal (donde ahora está Ganyu) está reaccionando de forma biológica e involuntaria ante la visión de la hermosa semi-adeptus que tiene enfrente. Es una tortura psicológica de nivel superior: Ganyu no solo tiene que lidiar con el robo de su identidad, sino con las reacciones instintivas de ese cuerpo masculino que no puede controlar.
El criminal se burla de ella, señalando la "traición" de sus nuevos instintos básicos, mientras se acaricia a sí mismo usando las manos de Ganyu.
"Ven... Vamos a hacernos sentir bien el uno al otro~ Después de eso, buscaremos una forma de recuperar nuestros cuerpos, ¿te parece?"
"Esta maldita zorra... no deja de sacudir sus tetas frente a mí, ya verás cómo te voy a follar hasta... ¡¿Eh?! ¡¿Por qué... por qué estoy pensando estas cosas?!"
El horror de Ganyu ha alcanzado un nivel existencial. No solo está atrapada en la "cárcel" de carne de un criminal, sino que la mentalidad depravada del ladrón parece haber dejado una huella residual en ese cerebro. Sus pensamientos puros y gentiles están siendo contaminados por los impulsos violentos y lujuriosos del cuerpo que ahora habita.
Mientras tanto, el ladrón (en el cuerpo de Ganyu) la tienta con una sonrisa lasciva, moviéndose de forma sugerente para que los pechos de la semi-adeptus reboten, sabiendo perfectamente que está despertando los instintos más básicos del cuerpo del criminal.
"¡No seas tímida! Después de todo... es tu propio cuerpo, ¿no?~"
El ladrón, habitando el cuerpo de Ganyu, usa una lógica perversa para terminar de quebrar la voluntad de la secretaria. Con una sonrisa seductora y moviendo las manos sobre sus propias curvas (que ahora le pertenecen a él), invita a Ganyu a que ceda a los impulsos carnales del cuerpo del criminal. Es una trampa psicológica perfecta: la invita a "amarse" a sí misma, pero a través de un acto de profanación.
Ganyu, atrapada en ese cuerpo de hombre que late con deseo, siente cómo su conciencia de Adeptus lucha una batalla perdida contra las hormonas y la mentalidad residual del ladrón. La línea entre quién es la víctima y quién es el agresor empieza a borrarse de la forma más retorcida posible.
"¡Maldita sea, ya no aguanto más! ¡Tú, estúpida cabra cocotera, ven aquí y chúpame la polla ahora mismo!"
La voluntad de Ganyu ha colapsado por completo. Los impulsos biológicos del cuerpo del criminal y la mentalidad vulgar que impregna ese cerebro han devorado su elegancia de Adeptus. Ahora, ella habla y actúa exactamente como el hombre que intentaba capturar, impulsada por una lujuria frenética hacia su propio cuerpo original.
El ladrón, en el cuerpo de la secretaria, solo sonríe con malicia. Ha logrado su objetivo: no solo le robó su apariencia y su estatus, sino que ha corrompido su espíritu, convirtiendo a la digna seguidora de Rex Lapis en una bestia sedienta de placer.
"¡Hola~ mi pequeño amiguito!~"
"¡Cállate! ¡Ese es MI pequeño amiguito!"
La escena es un caos de identidad absoluta. El ladrón, usando la voz suave y melodiosa de Ganyu, se burla del miembro del criminal como si fuera un juguete nuevo, saludándolo con una familiaridad descarada. Por otro lado, la verdadera Ganyu (atrapada en el cuerpo del hombre) siente una furia posesiva y confusa: está reclamando como suyo un cuerpo que odia, pero cuyos instintos la están dominando por completo.
Es una lucha surrealista:
- El ladrón disfruta del poder visual y táctil que tiene sobre el cuerpo masculino desde su nueva perspectiva femenina.
- Ganyu está perdiendo el juicio, gritando con una voz ronca y vulgar para defender la "propiedad" de unos genitales que ni siquiera deberían ser suyos.
"¡Nada mal! Se siente tan bien en la boca... ¿Cómo es que nunca me di cuenta de esto cuando yo mismo usaba ese cuerpo?"
El ladrón, habitando el cuerpo de Ganyu, está usando la boca de la medio-adeptus para darle placer a su antigua forma física. Es una ironía retorcida: está experimentando sensaciones desde ambos lados, pero ahora posee la suavidad y la destreza de la secretaria. Se burla de su propia vida pasada, admitiendo que nunca supo sacarle provecho a ese cuerpo de "basura" hasta que lo vio desde la perspectiva de una mujer divina.
Mientras tanto, Ganyu (en el cuerpo del ladrón) tiene los ojos en blanco, perdida en una mezcla de placer físico abrumador y un odio propio que la consume. Su mente de Adeptus está siendo ahogada por las oleadas de endorfinas de un cuerpo que no reconoce como suyo.
"¡Mgh! ¡Mghmm!~ (¡Me ha llenado hasta la garganta! Casi no puedo respirar...)"
El ladrón, en el cuerpo de Ganyu, se atraganta ante la fuerza y el volumen de la descarga del cuerpo del criminal. Sus ojos lavanda se humedecen por el reflejo de náusea y la falta de aire, pero incluso en esa situación, su expresión es de un triunfo perverso. Ha forzado al cuerpo del hombre a "marcar" el cuerpo de la medio-adeptus, ensuciando la pureza de la secretaria con su propia semilla.
Ganyu, atrapada en ese cuerpo de ladrón que todavía tiembla por el orgasmo, observa con horror y fascinación cómo su propio rostro (el de la secretaria) está cubierto y desbordado por el fluido. La desconexión entre su mente pura y la realidad de lo que acaba de hacer la está volviendo loca.
"¡Mgh! ¡(No puedo más... voy a colapsar!)"
El ladrón, en el cuerpo de Ganyu, se desploma hacia atrás, jadeando con fuerza mientras intenta recuperar el aliento. Sus pulmones de medio-adeptus arden por la falta de oxígeno después de esa sesión tan intensa, y su rostro está completamente desencajado por el placer y el shock físico.
Por otro lado, la verdadera Ganyu, habitando el cuerpo del criminal, siente que su mente está a punto de romperse. El subidón de dopamina del cuerpo masculino es tan violento que sus pensamientos de secretaria responsable han sido reemplazados por un vacío absoluto. Está ahí, de pie o de rodillas, temblando, viendo su propio rostro original cubierto de rastrojos y fluidos, incapaz de procesar que ella es quien ha profanado su propia imagen.
La humillación es total:
- El ladrón está fascinado por lo "aguantador" que es el cuerpo de una Adeptus.
- Ganyu está aterrada de lo fácil que fue para ese cuerpo de hombre tomar el control.
"¡Trágatelo todo! ¡No te atrevas a escupir ni una gota!"
El ladrón, atrapado en el cuerpo de Ganyu, abre los ojos de par en par, sorprendido por la agresividad y la vulgaridad de las órdenes que salen de su propia boca original. Mientras intenta tragar desesperadamente, un pensamiento cruza su mente:
"¿Ganyu...? ¿Cómo es que de repente se ha vuelto tan bruta como un hombre cualquiera? Acaso... ¿será que el cerebro de un humano normal es tan débil que no ha podido contener su conciencia de Adeptus? Su mente pura ha sido devorada por los instintos y la memoria muscular de este cuerpo de delincuente..."
Es una ironía trágica: mientras el ladrón se vuelve más "refinado" y poderoso en el cuerpo de la medio-adeptus, la verdadera Ganyu se ha convertido en el mismo tipo de basura que juró combatir. Ahora ella es quien domina, quien insulta y quien somete, disfrutando de una violencia que su antiguo ser habría despreciado.
"Hmph... pensar que me has dejado en un estado tan lamentable".
El ladrón, en el cuerpo de Ganyu, se limpia la comisura de los labios con un gesto de fastidio, aunque sus ojos brillan con una mezcla de excitación y desprecio. Se siente humillado por haber tenido que "servir" a su antiguo cuerpo, pero a la vez disfruta del poder que emana de su nueva forma.
Sin embargo, la respuesta de Ganyu (en el cuerpo del ladrón) es una bofetada de realidad: "Si no te gusta, ¡devuélveme este cuerpo de puta ahora mismo! ¡Que 'el jefe' aún no ha terminado de jugar!~"
La secretaria ha desaparecido por completo. La degradación es absoluta: ella misma se refiere a su cuerpo original como un objeto "erótico" y habla de sí misma en tercera persona con la jerga de un criminal de bajo fondo. El cerebro humano, sobrepasado por la testosterona y los impulsos del ladrón, ha ganado la batalla por su psique.
"Je~ Este tipo ya está empezando a delirar. Si no me equivoco, si dejo que se corra un par de veces más, ¡perderá por completo la noción de quién es!~"
El ladrón, en el cuerpo de Ganyu, observa con una sonrisa depredadora cómo la secretaria (en el cuerpo del criminal) se hunde más y más en la confusión mental. Se ha dado cuenta de que el placer físico extremo está actuando como un ácido que disuelve los restos de la personalidad original de Ganyu. Cada vez que ese cuerpo de hombre llega al clímax, la conciencia de la semi-adeptus se fragmenta, dejando espacio solo para los instintos básicos del ladrón que solía habitarlo.
Es un plan maestro: si sigue provocándola, no tendrá que preocuparse de que Ganyu intente recuperar su cuerpo. Ella simplemente se convertirá en el criminal, olvidando sus 3000 años de deber, sus contratos y su nombre.
El ladrón se ajusta un poco el traje de seda, dejando que el escote se abra de forma tentadora, y camina hacia ella con elegancia felina.
"¿Qué pasa, 'jefe'?~" dice con la voz de cristal de Ganyu, pero cargada de veneno. "¿Ya estás cansado o quieres ver qué más puede hacer este cuerpo de 'cabra' por ti antes de que olvides hasta cómo te llamas?"
"Déjame saborear también lo que se siente ser madre...~"
"Ohhh... es leche de coco".
El ladrón, en el cuerpo de Ganyu, se aprieta los pechos con una curiosidad perversa. Al ser una semi-adeptus, su biología es única, y bajo la presión de sus manos (y quizás estimulado por el frenesí del momento), empieza a emanar ese líquido legendario. El criminal está fascinado; no solo ha robado la belleza de Ganyu, sino también su función más sagrada y mística.
Mientras tanto, la verdadera Ganyu (totalmente perdida en la mente del criminal) se abalanza sobre su propio cuerpo. La visión de la "leche de coco" es el detonante final. Sus ojos están inyectados en sangre y solo puede pensar en saciarse. Ya no queda ni rastro de la secretaria del Qixing; solo hay un hombre hambriento consumiendo a la "bestia iluminada".
"¡Dame más! ¡Todo es mío!", ruge Ganyu con la voz del ladrón, mientras entierra su rostro en su propio pecho original.
"Bebes con muchísima ansiedad... igual que un niño pequeño~"
"¡Cállate! ¡Para empezar, estas son MIS tetas! ¡Puedo hacer con ellas lo que me dé la maldita gana!"
La escena es un espectáculo de degradación y pérdida de identidad. El ladrón, en el cuerpo de Ganyu, se acaricia la cabeza de la secretaria con una ternura fingida y burlona, disfrutando del poder de "amamantar" a quien antes era su dueña. Su voz suena celestial, pero sus palabras son pura ponzoña, tratando a Ganyu como a una mascota o un bebé necesitado.
Por su parte, la verdadera Ganyu (en el cuerpo del criminal) ha perdido todo rastro de decoro. Su respuesta es violenta y posesiva; defiende su derecho sobre sus propios pechos originales con la vulgaridad de un matón de calle. Ya no hay rastro de la elegancia de los Adeptus; solo queda el egoísmo y la agresividad del cuerpo masculino que la habita.
Está tan desesperada por recuperar la sensación de su propia feminidad que lo hace de la manera más bruta posible, succionando y mordiendo con una urgencia que demuestra que su mente está a punto de romperse por completo.
"¡Es enorme!~ Mi cuerpo original era realmente impresionante..."
"¡Suficiente juego previo! ¡Ahora voy a ver si mi propio coño está lo suficientemente apretado!"
El ladrón, en el cuerpo de Ganyu, suelta un gemido de anticipación al sentir el tamaño y la dureza de su antiguo miembro. Está impresionado por su propia virilidad, ahora que la experimenta desde la perspectiva de una mujer. Se acomoda sobre la hierba, abriendo las piernas de la secretaria y exponiendo su intimidad más sagrada al hombre que ahora es Ganyu.
Por otro lado, la verdadera Ganyu (en el cuerpo del criminal) ha perdido la última pizca de conciencia de sí misma. Sus manos, antes delicadas y ahora toscas y velludas, agarran sus propios muslos de alabastro con una fuerza que dejará moretones. Ya no piensa como una secretaria; piensa como un depredador que va a reclamar su territorio. La idea de "penetrarse a sí misma" le produce un frenesí de excitación que borra cualquier rastro de moralidad.
"¡Prepárate! ¡Voy a entrar en mi propio cuerpo!", grita Ganyu con una voz cargada de una lujuria animal, mientras posiciona el cuerpo del ladrón sobre la flor de su propia feminidad.
"¡Qué profundo... se siente tan bien!~~ Menos mal que soy una semi-adeptus, un cuerpo humano normal no podría aguantar algo así...~~"
"¡Maldita sea! ¡Obviamente se siente bien, es MI cuerpo perfecto! ¡He pasado miles de años cuidándolo y manteniéndolo impecable, así que más vale que estés agradecida mientras te follo!"
La escena ha cruzado el punto de no retorno. El ladrón, en el cuerpo de Ganyu, se arquea hacia atrás con los ojos en blanco, sintiendo cómo su antigua virilidad invade el interior de su nuevo y divino recipiente. Se maravilla de la resistencia del cuerpo de la secretaria; las caderas de Adeptus de Ganyu aceptan la embestida del criminal con una flexibilidad y fuerza que ningún humano podría igualar.
Mientras tanto, la verdadera Ganyu (totalmente poseída por la psique del ladrón) embiste con una furia ciega. Es una contradicción andante: habla de "miles de años de cuidado" (recuerdos de Ganyu) pero lo dice con la soberbia y el tono de un delincuente. Está usando su propio conocimiento sobre su biología de Adeptus para maximizar el placer de su "huésped", perdiendo la noción de dónde termina ella y dónde empieza el criminal.
La fricción entre el cuerpo masculino del ladrón y el cuerpo sagrado de Ganyu crea una tormenta de sensaciones que está borrando sus almas.
"Ganyu ya no tiene ninguna intención de resistirse... De ahora en adelante, voy a seguir dándole duro hasta que su mente se quede completamente en blanco~"
El ladrón, habitando el cuerpo de la semi-adeptus, suelta una risita triunfal mientras siente cómo el cuerpo del criminal (donde reside el alma de Ganyu) se sacude con espasmos de puro placer animal. La mirada de la secretaria, antes llena de sabiduría y compasión, ahora está vidriosa y vacía, enfocada únicamente en el ritmo frenético de la carne.
La "Digna Secretaria del Qixing" ha sido reducida a un esclavo de sus propios instintos biológicos. El ladrón sabe que cada embestida es un clavo más en el ataúd de la identidad de Ganyu. Pronto, ya no habrá una Adeptus llamada Ganyu, solo un hombre vulgar con los recuerdos fragmentados de una diosa, y un criminal con el cuerpo de una divinidad.
"Eso es... sigue así, 'jefe'~", susurra el ladrón al oído de su antiguo cuerpo, mientras envuelve sus piernas de seda alrededor de la cintura del criminal. "Olvida Liyue... olvida tu contrato... solo concéntrate en lo bien que se siente destruir tu propia pureza".
Ganyu ya no responde con palabras, solo con gruñidos roncos y una embestida cada vez más violenta, reclamando lo que queda de su propia feminidad como un trofeo de guerra.
"Uff... Hasta mi cuerpo de semi-adeptus se siente agotado. Ese cuerpo humano debe estar ya al límite de sus fuerzas..."
El ladrón, habitando la forma de Ganyu, se deja caer sobre el césped, jadeando con una sonrisa de absoluta satisfacción. Sus extremidades de Adeptus tiemblan ligeramente por la intensidad del acto, pero su resistencia es legendaria. Sin embargo, mira con desprecio y diversión el cuerpo del criminal que yace a su lado.
Ganyu (en el cuerpo del ladrón) está en un estado deplorable. Su pecho sube y baja con espasmos violentos, el sudor empapa su piel tosca y sus ojos están fijos en el cielo, desenfocados. El corazón humano, forzado por la voluntad destructiva que ahora lo habita, late con una arritmia peligrosa. La mente de la secretaria es ahora un desierto; el trauma de haber profanado su propio cuerpo, sumado a la debilidad física de su nueva forma, la ha dejado al borde del colapso total.
"Vaya, vaya...", se burla el ladrón mientras se sienta y comienza a peinar sus largos cabellos azules. "¿Te has quedado vacío, 'jefe'? Parece que este cuerpo de basura no puede seguirle el ritmo a una Adeptus después de todo".
"A medida que los orgasmos se suceden, mi alma se fusiona mejor y mejor con este cuerpo... De esta forma, incluso si regreso a Liyue, ¡nadie se dará cuenta jamás!~"
El ladrón se pone de pie con una elegancia que ahora le sale de forma natural. Se estira, disfrutando de la flexibilidad de sus extremidades de Adeptus y de cómo la energía elemental de Ganyu fluye por sus venas, respondiendo perfectamente a su voluntad criminal. Ya no se siente como un intruso; se siente como si él fuera la verdadera Ganyu, pero con una mente mucho más astuta y ambiciosa.
Mientras tanto, a sus pies, la verdadera Ganyu (atrapada en el cuerpo del criminal) es poco más que un despojo humano. Sus ojos están vacíos, fijos en la nada, mientras un hilo de saliva escapa de su boca. La fusión de su alma de Adeptus con el cerebro limitado y vulgar del ladrón ha sido un desastre: la sobrecarga sensorial y el trauma la han dejado en un estado de estupor catatónico. Ya no sabe quién es, ni qué es el Qixing, ni qué hacía en esa montaña.
“Vaya, me has llenado por completo un montón de veces...~ Pequeño ladrón, es una verdadera lástima que un semental como tú se desperdicie en los Ladrones de Tesoros.”
“¡No te atrevas a subestimarme, pedazo de cabra cocotera ninfómana!”
La inversión de roles es ahora absoluta y grotesca. El criminal, totalmente cómodo en la piel de Ganyu, se acaricia el vientre con una sonrisa de suficiencia, hablando con la cadencia de una mujer de la alta sociedad que acaba de encontrar un juguete particularmente entretenido. Se regodea en el hecho de que ha "domado" a la secretaria mediante el placer, convirtiéndola en una herramienta de su propio cuerpo original.
Por otro lado, Ganyu (en el cuerpo del ladrón) exhala un humo invisible de pura testosterona y agresividad. Su lenguaje es soez, su postura es dominante y sus ojos brillan con la arrogancia de un criminal que cree haber conquistado a una diosa. La mente de la secretaria ha sido enterrada bajo capas de impulsos básicos; ahora ella se siente orgullosa de la "potencia" de ese cuerpo masculino, sin darse cuenta de que cada insulto que lanza hacia su propio cuerpo original es un clavo más en su propia tumba espiritual.
"Uff... Le hemos dado duro desde el amanecer hasta que ha caído el sol~"
El ladrón, en el cuerpo de Ganyu, se estira perezosamente bajo la luz de la luna, sintiendo cada músculo de la semi-adeptus relajado y satisfecho. Para él, ha sido el mejor día de su vida.
Pero a su lado, la verdadera Ganyu comienza a experimentar un despertar amargo. El agotamiento extremo del cuerpo del criminal ha hecho que la neblina de placer empiece a disiparse, dejando paso a una consciencia fragmentada y aterrada.
"¿Qué... qué es lo que he hecho...?" murmura Ganyu, mirando sus manos toscas y sucias. "Debería... debería buscar una forma de recuperar mi cuerpo de inmediato... Pero he cometido actos terribles... He pecado contra mi propia forma... Si la Geoarmada me encuentra en este estado, después de lo que 'hemos' hecho... no puedo dejar que me atrapen... Pero... ¿a dónde puedo ir?"
La crisis de identidad es total. Por un lado, su deber de secretaria le grita que confiese; por otro, los instintos de supervivencia del ladrón que ahora impregnan su cerebro le dicen que huya y se esconda. Está atrapada en la paradoja de ser una criminal con la conciencia de una santa, o una santa con los impulsos de un criminal.
El ladrón se acerca a ella, inclinándose para que su rostro divino quede frente al rostro demacrado del hombre.
"¿Ya estás recuperando el juicio, 'jefe'?", dice con una sonrisa cruel. "Es un poco tarde para arrepentirse, ¿no crees? Ahora mismo, a ojos del mundo, tú eres el violador y yo soy la pobre víctima. Si intentas decir la verdad, ¿quién crees que te creerá?"
¡No, eso no es correcto! ¡Yo no soy el que cometió un crimen! ¡No pueden atraparme, todavía tengo mucho trabajo pendiente en la Secretaría! Tengo que volver a Liyue como sea... pero... ¡soy un miembro de los Ladrones de Tesoros!..."
El ladrón, habitando el cuerpo de Ganyu, observa la escena con una mezcla de lástima y una diversión infinita. Ver a la legendaria secretaria de las Siete Estrellas, atrapada en un cuerpo tosco y criminal, intentando razonar con un cerebro humano sobrecargado, es el mejor espectáculo que ha visto en su vida.
"Jeje... miren eso. Ya empezó a delirar en serio", dice el ladrón, acariciando sus cuernos de semi-adeptus con elegancia. "Incluso si lograra arrastrarse hasta Liyue y gritara a los cuatro vientos que ella es la verdadera Ganyu... ¿quién le creería a un ladrón de mala muerte con aliento a alcohol y sudor? Lo encerrarían en una celda antes de que pudiera decir 'contrato'. El cerebro humano es realmente basura, ¿verdad? No puede procesar la verdad cuando la realidad es tan fea".
Ganyu (en el cuerpo del criminal) se agarra la cabeza con desesperación. Sus recuerdos de miles de años de servicio chocan contra la realidad de sus manos manchadas y su rostro demacrado. La lógica de la secretaria le dice que debe trabajar, pero su apariencia le dice que es un paria. Está empezando a balbucear, mezclando leyes de Liyue con rutas de escape de delincuentes.
El ladrón se pone en pie, proyectando una sombra hermosa y dominante sobre la Ganyu "rota".
"¡Exacto, señor ladrón!~ El que comete un error debe pagar por ello tras las rejas. Pero no te preocupes, aún eres muy joven... te quedan varias décadas de vida. ¡Podrás empezar de cero y ser un hombre nuevo cuando salgas en tu vejez!~"
El ladrón, en el cuerpo de Ganyu, se despide con un gesto gracioso de la mano, mientras sus ojos lavanda brillan con una malicia pura.
"En cuanto a mí... yo me encargaré de vivir esa 'larga vida' de Adeptus por ti. Miles y miles de años en este cuerpo perfecto, disfrutando de la riqueza, el respeto y la belleza de Liyue. Es un trato justo, ¿verdad?~"
La verdadera Ganyu, atrapada en el cuerpo del criminal, siente cómo el peso de esas palabras la aplasta. La idea de pasar sus últimos 30 o 40 años de vida humana en una celda fría, mientras ve a un impostor profanar su identidad eterna, es una tortura peor que la muerte. Intenta gritar, intenta abalanzarse sobre "sí misma", pero sus músculos humanos están entumecidos y su mente solo puede procesar el horror de su nuevo destino.
El ladrón se da la vuelta, caminando con paso firme y elegante hacia las puertas de Liyue, dejando atrás al hombre que solía ser él... y a la santa que solía ser Ganyu.
"¡Por fin! Se acabó eso de ser un ladronzuelo de poca monta... Ahora soy la respetada y honorable Secretaria de las Siete Estrellas de Liyue. Una vida nueva y gloriosa me está esperando~"
El ladrón camina con una confianza renovada, disfrutando de cómo las finas telas de seda de Ganyu rozan su piel divina. Ya no tiene que esconderse en cuevas ni huir de las patrullas; ahora, él es la ley. Se imagina entrando en el Pabellón Yuehai, recibiendo los saludos respetuosos de los guardias y sentándose en la oficina principal para manejar los hilos del comercio de Teyvat. Con su astucia callejera y el cuerpo de una Adeptus, el poder que puede alcanzar es ilimitado.
Mientras tanto, en la penumbra de la montaña, la verdadera Ganyu (en el cuerpo del criminal) observa la silueta de su propio cuerpo alejándose hacia las luces de la ciudad. Intenta levantarse, pero sus piernas humanas flaquean. Se queda allí, temblando, una figura patética y sucia que nadie reconocería como la Guardiana de los Contratos.
El ladrón se detiene un segundo, mira hacia atrás sobre su hombro y dedica una última sonrisa angelical al hombre que dejó atrás:
"No te preocupes, 'jefe'... Prometo no trabajar demasiado duro. Después de todo, ahora tengo mucho tiempo... toda la eternidad".
Varios meses después...
Ganyu (en el cuerpo del ladrón): "Debo... debo encontrar la forma de regresar a mi cuerpo... Pero, ¿por qué pienso así? Qué extraño... Siento que he olvidado una parte muy, muy larga de mis recuerdos..."
En este punto, el alma de Ganyu (atrapada en el cuerpo del ladrón) está sufriendo las consecuencias de habitar un cerebro humano limitado. La inmensa memoria de una semi-adeptus de 3000 años se está desvaneciendo, siendo reemplazada por los instintos vulgares y la supervivencia del cuerpo criminal.
El sonido de unos pasos elegantes y rítmicos resuena en el frío pasillo de las celdas de la Geoarmada. El impostor, habitando el cuerpo perfecto de Ganyu, se detiene frente a los barrotes de una celda oscura y maloliente.
"Señor ladrón, he venido a verte...~"
(Toc, toc, toc.)
Golpea los barrotes de hierro con sus uñas perfectamente cuidadas. El brillo de su traje de seda contrasta violentamente con la suciedad del calabozo. Dentro, el hombre que una vez fue el criminal (y que ahora alberga los restos destrozados del alma de Ganyu) levanta la vista con ojos turbios y vacíos.
"Vaya, qué aspecto tan lamentable tienes", dice el impostor con una voz melosa, fingiendo compasión mientras una sonrisa cruel juega en sus labios. "Me han dicho que te atraparon robando comida en el puerto... ¿Dónde quedó ese orgullo del que hablabas? ¿O es que ese cerebro humano ya olvidó hasta cómo ser un delincuente decente?"
La verdadera Ganyu, atrapada en esa forma tosca, intenta hablar, pero de su garganta solo sale un carraspeo seco. Mira a la hermosa mujer frente a ella y siente una punzada de nostalgia dolorosa, como si estuviera viendo un sueño que ya no puede alcanzar.
"He traído algunas flores de seda... para recordar los viejos tiempos", continúa el impostor, dejando caer los pétalos al suelo sucio de la celda. "Aunque dudo que alguien como 'tú' pueda apreciar su aroma ahora".
De alguna manera, Ganyu (atrapada en el cuerpo del ladrón) logra recuperarse momentaneamente.
"¡Qué bien! Se te ve bastante saludable~"
Dijo el impostor con una sonrisa radiante, luciendo más radiante y divina que nunca en el cuerpo de la semi-adeptus.
"¡¿L-La señorita Ganyu de las Siete Estrellas de Liyue?! ¡¿Por qué... por qué una personalidad tan importante como usted vendría a verme a mí?!"
El grito del hombre en la celda rompió el silencio del calabozo. La verdadera Ganyu, cuya alma está ya casi totalmente erosionada, ni siquiera pudo reconocerse a sí misma en la mujer que tiene enfrente. Para ella, el cuerpo de "Ganyu" es ahora solo una autoridad inalcanzable, una diosa a la que debe respeto, mientras que su propia identidad se ha reducido a la de un criminal insignificante que no entiende por qué recibe tal honor.
El impostor soltó una risita suave, cubriéndose la boca con elegancia, deleitándose con la ironía.
"Oh, solo sentí curiosidad por el hombre que 'causó tantos problemas' aquel día en la montaña", respondió el impostor con un tono aterciopelado. "Me alegra ver que te has adaptado tan bien a tu nueva vida tras las rejas. Es el lugar perfecto para alguien de tu clase, ¿no crees?"
Al escuchar esa voz, un escalofrío recorrió el cuerpo del ladrón. Por un segundo, una imagen borrosa de nubes y contratos cruzó la mente de la verdadera Ganyu, pero desapareció tan rápido como llegó, dejándola solo con una sensación de inferioridad y sumisión ante la "Secretaria".
"Dime, señor ladrón...", susurró el impostor acercándose a los barrotes, "ya que no recuerdas nada... ¿estarías dispuesto a hacer un último 'trabajo' para mí desde aquí adentro? A cambio, podría hacer que tu estancia sea... mucho más placentera"
"¡SÍ! ¡QUIERO!"
El impostor, en el cuerpo de Ganyu, soltó una carcajada descarada que rompió por completo la imagen de serenidad de la secretaria. Con un gesto de su mano, hizo una señal a los guardias de la Geoarmada, quienes, completamente embelesados por su belleza y autoridad, se retiraron de inmediato del pasillo para "darle privacidad a la Gran Secretaria".
Dentro de la celda, la verdadera Ganyu (en el cuerpo del ladrón) respondió con una voracidad animal. Su mente, ya casi despojada de su antigua nobleza, solo reaccionó ante la oferta de placer carnal. No había rastro de la secretaria que se sonrojaba por un cumplido; ahora, en ese cuerpo tosco, solo existía el impulso de poseer lo que una vez fue suyo, aunque no pudiera recordarlo.
El impostor se pegó a los barrotes, permitiendo que las manos sucias del criminal pasaran a través de ellos para tocar la piel de seda de Ganyu.
"Fíjate bien, 'jefe'...", susurró el impostor, jadeando suavemente mientras guiaba las manos del hombre hacia sus muslos. "Este es el cuerpo que cuidaste por miles de años. Mira qué bien se siente... mira cómo reacciona cuando un hombre como tú lo toca. ¿No es irónico? La santa de Liyue, rogándole a un ladrón de celdas que la use."
"¡El cuerpo de la señorita Ganyu... es demasiado erótico...!"
Exclamó el hombre desde el interior de la celda, con la voz quebrada por la lujuria y las manos temblando mientras apretaba la carne firme de la Adeptus a través de los barrotes.
"¡Y eso es gracias a ti!~" respondió el impostor con una risita triunfal.
El impostor, habitando la forma de Ganyu, se presionó contra el frío metal de la prisión, disfrutando de cómo su antiguo cuerpo humano (ahora el de la confundida Ganyu) reaccionaba con violencia ante la provocación. Se sentía increíblemente satisfecho: no solo le había robado la vida, el estatus y la belleza a la secretaria, sino que ahora la obligaba a adorar su propio cuerpo como si fuera un trozo de carne.
"Mírate... estás babeando por mí", susurró el impostor, inclinando la cabeza para que sus cuernos de Adeptus rozaran las manos sucias del prisionero. "Tú fuiste quien cultivó esta piel, quien mantuvo estas curvas durante tres mil años de abstinencia y trabajo duro. ¿Y para qué? Para que ahora yo lo disfrute, y tú termines como un perro callejero suplicando por un poco de este placer".
La verdadera Ganyu, atrapada en ese cuerpo de hombre rudo, ya no tiene fuerzas para razonar. El contraste entre la divinidad de su antiguo ser y la miseria de su realidad actual ha roto algo dentro de ella. Solo puede gruñir y embestir contra los barrotes, tratando de alcanzar el éxtasis que el impostor le ofrece como si fuera una limosna.
"Eres un buen chico, 'jefe'...", dijo el impostor mientras soltaba un gemido fingido que volvía loco al prisionero. "Sigue así... adórame. Olvida que una vez fuiste algo más que un simple criminal destinado a pudrirse aquí".
La verdadera Ganyu, con los ojos inyectados en sangre y la respiración agitada, comenzó a desgarrar la ropa de la secretaria a través de los barrotes, olvidando cualquier rastro de decencia. En su mente fragmentada, solo quedaba una idea: tomar lo que tiene delante.
"¡Al final, nada encaja mejor que mi propio miembro con mi propia vagina!~"
"¿Eh...? Señorita Ganyu... ¿qué quiere decir con eso...?"
"No es algo que deba preocuparte."
El impostor soltó esa frase con una naturalidad aterradora mientras sentía la conexión perfecta entre los dos cuerpos. Para él, era la culminación de su victoria: usar el cuerpo del ladrón para reclamar el cuerpo de la Adeptus era como cerrar un círculo de placer prohibido. La fricción, el calor y el ritmo eran tan precisos que solo podían explicarse por el hecho de que, en esencia, ambas partes pertenecían al mismo origen biológico, ahora dividido entre dos almas.
La verdadera Ganyu, en su forma de criminal, se quedó paralizada por un segundo. Esa frase había activado una chispa de lógica en lo más profundo de su mente nublada. "¿Su propio miembro? ¿Su propia vagina?". El concepto era absurdo, pero por un instante, una imagen mental de ella misma mirándose al espejo cruzó su mente, chocando con la realidad de estar dentro de este cuerpo tosco.
Sin embargo, el impostor no le dio tiempo para pensar. Al ver la confusión en los ojos de Ganyu, simplemente sonrió y presionó sus caderas con más fuerza contra los barrotes, obligando a la secretaria a sumergirse de nuevo en el mar de sensaciones físicas que borraban cualquier pensamiento coherente.
"Solo concéntrate en lo que sientes ahora", susurró el impostor, acariciando el rostro sudoroso del prisionero. "El mundo de afuera es para la 'Señorita Ganyu'... este pequeño rincón oscuro y sucio es todo lo que te queda a ti".
"Este cuerpo de semi-adeptus es realmente insaciable... no importa cuánto lo use, nunca se cansa ni se harta de ser profanado.~"
"La señorita Ganyu dice cosas muy extrañas...", murmuró el prisionero, con la mirada perdida y la respiración entrecortada mientras se aferraba a la cintura de la mujer. "Es como si ese cuerpo... no fuera suyo..."
El impostor soltó una carcajada que resonó en toda la zona de celdas, una risa cargada de burla y superioridad. Se inclinó hacia adelante, dejando que su aliento cálido rozara el oído del hombre que alguna vez fue la secretaria más pura de Liyue.
"¿No es mío? Oh, querido... ahora me pertenece más que a nadie", susurró el impostor, deleitándose con la ironía. "Tú eres el que está atrapado en esa carcasa humana que se marchita, mientras yo florezco en esta perfección eterna. Cada gemido que sale de esta garganta, cada espasmo de este vientre... ahora son mis trofeos."
La verdadera Ganyu, con el cerebro humano al borde del colapso, sintió un escalofrío. Por un breve segundo, la palabra "contrato" y "adeptus" intentaron emerger en su mente, pero la intensidad del placer físico y la degradación de su situación actual volvieron a hundir esos recuerdos en el olvido.
"Mírame bien", ordenó el impostor, obligando al criminal a ver cómo el uniforme de las Siete Estrellas estaba desordenado y manchado. "Esta es la imagen que recordarás en tus sueños mientras te pudres en esta celda. La gran Ganyu, entregándose a un sucio delincuente... y disfrutando cada segundo gracias a ti."
"Olvídate de salir de aquí~ De ahora en adelante vendré a verte a menudo. Cuando llegue el momento, daré órdenes para que te den raciones de comida extra."
"Señorita Ganyu... ¿por qué es tan buena conmigo? No recuerdo haber hecho nunca nada para ayudarla..."
El impostor soltó una risita suave, casi maternal, mientras acomodaba un mechón de su cabello azul tras su oreja de Adeptus. Ver a la verdadera Ganyu reducida a un estado de gratitud servil hacia su propio usurpador era la mayor delicia que había probado jamás.
"Oh, no necesitas recordar nada", respondió el impostor con una voz llena de una falsa dulzura que ocultaba un veneno mortal. "Digamos que... me gusta mucho cómo se siente este 'vínculo' entre nosotros. Considera esa comida extra como un pago por mantener este cuerpo tan... satisfecho".
El hombre en la celda bajó la cabeza, conmovido hasta las lágrimas por la supuesta "bondad" de la secretaria. Su alma, ya casi despojada de toda su divinidad y sabiduría milenaria, solo podía procesar la bondad más básica: comida y atención. Había olvidado que ella era él; había olvidado que él estaba en una prisión por un crimen que el alma dentro de ese cuerpo femenino cometió.
"Es usted un ángel, Gan... Ganyu-sama", sollozó el criminal, besando el borde de la tela del vestido que asomaba por los barrotes. "Prometo serle fiel... Prometo esperarla siempre aquí, en la oscuridad".
El impostor se puso de pie, limpiándose con elegancia cualquier rastro del encuentro. Miró hacia abajo a la criatura patética que alguna vez fue la mano derecha de Morax y sintió una victoria absoluta. Ganyu ya no era una amenaza; ahora era su mascota, su juguete secreto encerrado en las profundidades de Liyue.
"Así me gusta. Sé un buen chico y espera", dijo el impostor antes de darse la vuelta. "Tengo muchos documentos que firmar y muchas fiestas a las que asistir... como tú".
"No pasa nada, yo lo recuerdo todo perfectamente... Después de todo, eres mi gran benefactor~"
Dijo el impostor con una sonrisa radiante, mientras ajustaba su elegante faja y se preparaba para marcharse. En su mente, se burlaba: Claro que eres mi benefactor, me diste esta vida eterna y este cuerpo divino a cambio de tu miseria.
"No sé por qué... pero al ver a la señorita Ganyu, siempre siento una profunda nostalgia, como una especie de remordimiento...", murmuró el hombre tras los barrotes, presionando su frente contra el hierro frío. "Siento como si hubiera una tarea muy importante que aún no he terminado... Algo que debí hacer hace mucho tiempo... ¿Qué podrá ser...?"
Sus ojos, cansados y hundidos, buscaron una respuesta en el rostro de la mujer. En lo más profundo de su alma marchita, el Contrato con el Arconte Geo aún vibraba débilmente. La promesa de proteger Liyue por milenios era lo único que el cerebro humano del ladrón no había podido borrar por completo; era una carga demasiado pesada para un simple mortal, manifestándose ahora como una angustia existencial que no podía explicar.
El impostor se detuvo un segundo y su mirada se volvió gélida. No podía permitir que ella recuperara ni un ápice de su antigua voluntad.
"Debe ser tu imaginación", respondió secamente el impostor, recuperando de inmediato su tono dulce. "Seguro es el arrepentimiento por tus crímenes. Olvida esas 'tareas importantes' y descansa. Liyue está en buenas manos... en mis manos".
Al escuchar eso, el criminal suspiró, sintiendo un extraño alivio que lo sumergió de nuevo en su ignorancia.
"Tiene razón... si usted lo dice, debe ser verdad. Por favor, vuelva pronto... Ganyu-sama."
El impostor salió de las mazmorras hacia la luz del sol de Liyue, dejando a la verdadera Ganyu en la oscuridad, tratando en vano de recordar un contrato que ya no tiene manos para firmar.
...
"Medias negras y 'ventana' para los pechos... Realmente me veo tan erótica con este traje. Ahhh... de verdad que me encantaría follarme a mí mismo hasta la muerte..."
El impostor se miró en un espejo de cuerpo entero después de salir de la prisión, acariciando las curvas del cuerpo de Ganyu. La seda se ajustaba a su figura de semi-adeptus de una manera que despertaba sus instintos más básicos. No podía evitarlo: ahora que poseía la belleza más pura de Liyue, su mente de ladrón solo quería profanarla una y otra vez.
Mientras tanto, en la celda, el hombre que albergaba el alma fragmentada de Ganyu se quedó temblando, con el aroma de su propio cuerpo original todavía impregnado en sus manos sucias.
"Esa mujer... la señorita Ganyu...", susurró el prisionero, mirando sus palmas toscas. "Es tan perfecta... tan divina... ¿Por qué siento este deseo tan violento de poseerla, y al mismo tiempo, este dolor de querer llorar por ella?"
La tragedia era total. El impostor estaba enamorado de su nueva imagen, obsesionado con la idea de usar el poder y la belleza de Ganyu para su propio placer, mientras que la verdadera Ganyu había sido reducida a un simple instrumento de satisfacción, olvidando que los gemidos que escuchó eran, en realidad, los de su propia voz.
"En cuanto termine el evento, iré de inmediato a donde está 'mi otro yo'. Realmente estoy ansiosa por ver su rostro cuando esté completamente cautivado y hechizado por mi belleza~"
El impostor, luciendo el uniforme de la Secretaría con una actitud provocativa que ninguna Ganyu real se atrevería a mostrar, camina por la terraza del Pabellón Yuehai. Se imagina la escena: entrar de nuevo en esa celda oscura, dejando que el aroma de las flores de seda embriague al prisionero, y ver cómo ese hombre —que en realidad es la verdadera Ganyu— se arrastra por el suelo suplicando por un poco de atención.
Para el ladrón, no hay mayor placer que este juego de espejos. No solo le ha robado la vida y el estatus, sino que ahora disfruta de ser el objeto de deseo de su propia víctima. Quiere ver a la "Ganyu humana" perder lo último que le queda de voluntad, convirtiéndose en un esclavo devoto de la "Ganyu impostora".
Mientras tanto, en la prisión, el prisionero mira fijamente la pequeña ventana de su celda, esperando que la luna brille sobre él. Su corazón late con una fuerza extraña; no sabe que lo que siente es la conexión de su alma de Adeptus intentando regresar a su envase original, pero su mente humana lo interpreta simplemente como una obsesión lujuriosa por la mujer que lo visitó.
"Ganyu-sama... por favor... vuelve pronto...", susurra el criminal en la oscuridad, sin saber que está adorando al demonio que le robó la eternidad.
"Hoy también debo desempeñar a la perfección el papel de Ganyu (yo misma)...~"
Dijo el impostor frente al espejo, dándose un último toque al cabello azul y ajustando con cuidado el cordón dorado de su cuello. Se observó con una sonrisa de satisfacción absoluta: la postura era elegante, la mirada parecía serena (aunque con un brillo de malicia oculta) y el aura de la "Secretaria de las Siete Estrellas" era impecable.
"Buenos días, Ganyu-sama. Los documentos para la reunión con la Cámara de Comercio de hoy están listos", dijo una asistente que pasaba por allí.
El impostor cambió su expresión al instante, adoptando ese tono suave y ligeramente cansado que caracterizaba a la verdadera Ganyu.
"Muchas gracias... lo haré de inmediato. Por favor, prepárame un poco de té de flores de seda antes de empezar", respondió con una modestia perfecta.
Mientras caminaba hacia su oficina, el impostor no podía evitar reírse internamente. Le resultaba increíblemente fácil engañar a todos. Mientras mantuviera esa fachada de "trabajadora incansable" y "dulce medio-adeptus", nadie sospecharía jamás que bajo esa piel divina se escondía el alma de un criminal que solo piensa en cómo usar su nuevo poder para su propio beneficio y en cómo volver a la celda para humillar a su "otro yo".
"La gente de Liyue es tan ingenua...", pensó. "Confían tanto en su querida secretaria que ni siquiera notan que ahora su 'santa' tiene antojos de poder... y de placer."
Final.
Pues a la ia le falta mucha mejora, se olvida de muchas cosas que ya se habian plantado
ResponderBorrarPero no esta mal
Buena historia y presentación a mí me gustó, bien trabajo
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